La tensión entre el poder político y la prensa volvió a escalar en Veracruz. La gobernadora Rocío Nahle rechazó la existencia de una campaña en su contra, pero señaló directamente a TV Azteca y a otros medios nacionales de difundir información, según su parecer, orientada a desinformar y afectar la imagen del estado.
Como ejemplo, citó la cobertura sobre la supuesta cancelación de un evento masivo con un DJ internacional en la Macroplaza del Malecón. “Se repitió que no se iba a realizar. Se aclaró que sí, el artista lo confirmó y aun así insistieron en lo contrario”, sostuvo.
Más allá del episodio, el mensaje fue que no habrá relación institucional con la televisora. “El que le pega a Veracruz, yo tengo que defender a Veracruz”, expresó la mandataria, quien remató con una descalificación directa: “Nadie le cree, lo bueno es que ya nadie le cree”.
Aunque afirmó respetar la libertad de expresión, su posicionamiento derivó en un cuestionamiento abierto al ejercicio periodístico. Reconoció la formación de los comunicadores, pero puso en duda su actuación, dejando ver un claro malestar con la cobertura mediática.
En paralelo, Nahle aludió a un litigio por daño moral ganado contra el empresario Arturo Castagné, con una indemnización de 14 millones de pesos que —dijo— será destinada a Huayacocotla, dando a entender que toda critica a su gobierno pueden escalar al terreno judicial.
La gobernadora también mencionó la persistencia de prácticas misóginas: “Sí hay una cultura todavía misógina, pero estamos enfocados en que le vaya bien a Veracruz”, afirmó.
Nahle García dijo que los ejes de su gobierno son la infraestructura, salud y educación y prometió rendir cuentas al término de su gestión. “Así recibí Veracruz y así lo voy a dejar”, expresó.
Entre señalamientos a medios, defensa institucional y cifras oficiales, el episodio confirma que frente a la crítica, Rocío Nahle opta por confrontar. Y en ese terreno, la línea entre réplica legítima y descalificación sistemática se vuelve cada vez más estrecha.







