• Con inteligencia artificial ya se han identificado cambios sistemáticos en la actividad microsísmica que preceden a las grandes rupturas; sin embargo, todavía no se comprenden como para poder anticiparse al temblor

Con la enorme devastación que ha ocurrido con los recientes terremotos en Venezuela, la pregunta de si algún día podremos predecir la ocurrencia de los movimientos telúricos, al menos de los más fuertes, vuelve a cobrar vigencia. La respuesta es que probablemente sí, pero no todavía, y que antes podríamos tener sistemas que den algunos segundos de ventaja.

De acuerdo con Sylvain Barbot, del Colegio Dornsife de Letras, Artes y Ciencias de la Universidad del Sur de California, la inteligencia artificial o aprendizaje automático ya “ha identificado cambios sistemáticos en la actividad microsísmica que preceden a las grandes rupturas, y algunos estudios sobre la física de los terremotos han comenzado a explicar por qué sucede esto”.

Si bien el propio Barbot es autor de algunos de esos estudios, aclara en un reciente artículo publicado en The Conversation que “aún no contamos con señales confiables”. 

Hay también “casos aislados de enjambres sísmicos previos a una gran ruptura que, en retrospectiva, podrían haber proporcionado algunas pistas para detectar posibles señales tempranas de futuras grandes rupturas. Sin embargo, no siempre es así”.

Esto implica que aunque “existe la esperanza de que en el futuro podamos ‘conectar los puntos’ y comprender bien la mecánica, aún no hemos llegado a ese punto”.

Pero hay señales

Sin embargo, Barbot agrega que ya es posible detectar ciertas señales para emitir avisos a corto plazo, apenas unos segundos pero que podrían ser de mucha ayuda. 

Un terremoto “genera ondas sísmicas de diferentes tipos que se propagan a distintas velocidades. Las ondas que se propagan más rápido llegan primero y pueden detectarse, lo que permite a los científicos predecir la segunda y la tercera ondas, que son más lentas y generalmente más destructivas”, señala el investigador.

Las ondas más veloces, y las primeras en llegar a otros sitios, son las llamadas ondas P; después llegan las ondas S (o de cizallamiento), “que son un poco más intensas”, y después llegan las ondas superficiales.

Rescatistas de Ecuador y Estados Unidos en un edificio que se derrumbó desde la planta baja hasta el quinto piso en La Guaira, Venezuela, el 29 de junio de 2026. Crédito: Reuters

Barbot afirma que “las primeras ondas P podrían activar los sistemas de alerta temprana, dando a la población apenas unos segundos, tiempo suficiente para detener el tráfico y cerrar gasoductos, trenes de alta velocidad e infraestructuras sensibles a los temblores”.

“Puede ser tiempo suficiente para buscar refugio y evitar morir en la oficina o en casa por el derrumbe del edificio”, sugiere el experto.

El experto añade que las fallas que generaron los sismos de 7.2 y 7.5 en Venezuela son similares a la falla de San Andrés en California, la cual podría experimentar sismos parecidos en los próximos años.

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