La suspensión de operaciones del ingenio San Pedro detonó una ola de preocupación en la región sur y la Cuenca del Papaloapan, donde miles de familias dependen directa e indirectamente de la actividad azucarera. La parálisis de la factoría impacta de lleno la economía de municipios como San Andrés Tuxtla, Ángel R. Cabada, Santiago Tuxtla, Tlacotalpan, Saltabarranca y Amatitlán.
Líderes cañeros habían advertido con anticipación sobre las consecuencias devastadoras de un eventual paro. Para la región, el ingenio no sólo representa el pilar de la producción agrícola, sino el motor que impulsa al comercio local, el transporte de carga y pasajeros, así como a una red amplia de servicios básicos.
Frente a la emergencia económica, la alcaldesa de Saltabarranca afirmó que su administración cuenta con un plan de contingencia para amortiguar el golpe financiero en el municipio y brindar respaldo a los sectores afectados, sin detallar o presentar un plan formal para enfrentar esta situación.
Competencia desleal y paradoja de mercado
Voceros del sector atribuyen el colapso a las decisiones de política comercial adoptadas en años recientes. Denuncian que la entrada al país de azúcar y jarabe de maíz de alta fructosa —libres de arancel— asestó un duro golpe a la competitividad del grano y la industria nacional.
La crisis del ingenio contrasta con la coyuntura del mercado exterior: el cierre ocurre justo cuando México registra un incremento en sus exportaciones de azúcar hacia Estados Unidos, impulsadas por una fuerte demanda en el mercado norteamericano que ha absorbido incluso el pago de aranceles.







