Por Sapna Maheshwari/NYT
Salvo por unas cuantas noches de la vida de mi primera hija, el sistema inteligente de monitoreo para bebés Nanit ha grabado y analizado su sueño. Una elegante cámara blanca, atornillada a la pared, apunta directamente hacia abajo a su cuerpo. Las imágenes en alta definición se transmiten a un servidor, donde algoritmos de aprendizaje automático registran sus movimientos y los momentos precisos en que abre y cierra los ojos. Los datos se sintetizan en gráficos y estadísticas que mi esposo y yo revisamos en la aplicación de Nanit: una puntuación diaria de “eficiencia del sueño”, de cero a 100; los minutos que le toma conciliar el sueño; la cantidad de veces que nos necesitó durante el transcurso de una noche.
Inicialmente, habíamos comprado el monitor simplemente por la capacidad de vigilar a nuestra hija desde cualquier lugar usando nuestros teléfonos. Pero rápidamente nos quedamos asombrados por todo lo demás que podía hacer, aun cuando reconocí lo innecesario que era tener tanta información sobre nuestra bebé, quien de hecho dormía bastante bien. “TANTA INFORMACIÓN”, le envié por mensaje de texto a un amigo. “Sinceramente es demasiada información pero me encanta muchísimo”. El Nanit se sitúa en la línea entre lo espeluznante y lo encantador. Es el ojo de Sauron, pero también se entera de cuándo entramos a la habitación de nuestra hija por la mañana y la alegría que se refleja en su rostro, para después enviarnos montajes editados de manera inteligente de esos momentos.
Los productos de monitoreo de Nanit incluyen una pantalla exclusiva, cámaras y una banda que se puede usar para rastrear cada elevación y descenso del pecho de un bebé.Margeaux Walter para The New York Times
Cuando quedé embarazada de mi segunda hija en 2025, mi esposo y yo ni siquiera tuvimos que discutir sobre comprar otra cámara Nanit. Ya la teníamos lista el día en que ella llegó a casa desde el hospital.
Como herramienta que combina la cosa más dulce del mundo —un recién nacido— con la incesante recopilación de datos por parte de una empresa tecnológica con fines de lucro, el Nanit siempre ha sido un poco desconcertante. Una consultora de marcas que ayudó a crear la “identidad visual” del producto señala en un estudio de caso en su sitio web: “El desafío central de este proyecto fue cómo introducir esta tecnología novedosa en el mercado de la crianza de los hijos y, al mismo tiempo, trascender las connotaciones negativas de la ‘vigilancia’”.








