• La escena, considerada la segunda descripción de un fenómeno de este tipo en la literatura, es una suerte de mal augurio o presagio para quienes abusaron de la hospitalidad de la reina de Ítaca

“¡Desgraciados! ¿Qué mal os aflige?” les dice Teoclímeno a los pretendientes de Penélope en el canto XX de “La Odisea”, en la traducción al español de José Manuel Pabón (2019). Ese mal podría ser resultado de la acción de la diosa Atenea o una locura temporal provocada por uno de los primeros eclipses descritos en la historia de la literatura.

El pasaje —que, por cierto, no aparece en la adaptación de Christopher Nolan— sucede tras un exabrupto de Telémaco, el hijo de Odiseo, a quien uno de los pretendientes sugirió que echara a su madre Penélope. Entonces, Atenea “movió a los pretendientes a una risa inextinguible y les perturbó la razón”, señala la traducción que Luis Segalá y Estalella hizo en 1910.

Acto seguido, Teoclímeno —amigo y huésped de Telémaco desde el Canto XV— dice a los pretendientes que una “noche obscura” les envuelve la cabeza, el rostro y hasta las rodillas; “el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto; las paredes chorrean de sangre”, añade Teoclímeno en la traducción de Pabón.

En la traducción de Segalá del poema épico de Homero, Teoclímeno concluye diciendo: “el Sol desapareció del cielo y una horrible oscuridad se extiende por doquier”. Pero en la de Pabón —que está escrita en verso— señala que “el Sol en el cielo se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo”.

La razón de esta ligera diferencia entre estas traducciones al español está en el uso de la palabra ékleipsis, que en griego antiguo significaba “desaparición”, “abandono” o “ausencia”, y que actualmente se refiere sobre todo a la astronomía, al grado que llamamos eclipse lunar al fenómeno en que la Luna no desaparece no desaparece sino que adopta un color rojizo.

Cabe añadir que Teoclímeno menciona que el vestíbulo y el patio estaban llenos de “fantasmas” —según Pabón, “sombras” para Segalá— que descendían al Érebo, que es el nombre tanto del dios primordial de la oscuridad y la sombra como del lugar subterráneo y oscuro por el que pasan las almas recién muertas para llegar al inframundo.

Por esta razón hay quienes titulan al Canto XX o al pasaje como “La profecía de Teoclímeno”, ya que poco después Odiseo mataría a los pretendientes de Penélope.

Antigua profecía y matemática moderna

Hasta donde hay registro, el filósofo griego Heráclito, en el siglo VI antes de Cristo, fue el primero en sugerir que ese pasaje de “La Odisea” constituía una “descripción poética” que habría hecho Homero de un eclipse solar total que realmente ocurrió.

Pero fue hasta el siglo XXI que Constantino Baikouzis y Marcelo Magnasco, en un artículo publicado en 2008 en los Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), demostraron que no sólo podía corresponder a un eclipse total de Sol, sino que fue el ocurrido el 16 de abril de 1178 a. C., que de hecho fue total sobre las islas Jónicas.

Baikouzis y Magnasco utilizaron tres referencias astronómicas explícitas de la obra de Homero: las relativas a la constelación de Boyero, el cúmulo estelar de las Pléyades, a Venus y a la Luna nueva (de hecho, el “Boyero” es un personaje importante del Canto XX, al dar una bienvenida cálida a Odiseo disfrazado de mendigo, en contra de lo que hace en la cinta). 

Además, los investigadores de la Rockefeller University comentan que añadieron “la identificación conjetural del viaje de Hermes a (la isla de) Ogigia como una alusión al movimiento del planeta Mercurio”. En el relato, Zeus habría mandado a Hermes para que convenciera a Calipso de liberar a Odiseo, a quien ella mantenía prisionero en su isla.

“Tras realizar una búsqueda exhaustiva de todas las fechas posibles en el intervalo comprendido entre 1250 y 1115 a. C., intentamos hacer coincidir dichos fenómenos con el orden y la forma descritos en el texto”, señalaron los matemáticos.

Así encontraron que, en ese periodo, “una única fecha concuerda estrechamente con nuestras referencias: el eclipse del 16 de abril de 1178 a.C., que además fue el único que coincide con las estimaciones clásicas sobre el saqueo de Troya, ocurrido más o menos una década antes, hacia 1192–1184 a.C.

Publicidad