Por Antulio Ficachi

Cuentan las lenguas de la maledicencia palaciega que el eco en los patios del Poder Central retumbó con la finura de un zarpazo de terciopelo. La repasada a Rubén Rocha Moya fue a navaja limpia: llamarle “imprudente” a su paseo de ida y vuelta por la gubernatura de Sinaloa es el equivalente diplomático a un seco “¡ya siéntese, señor!”.

En Culiacán pocos entienden la necedad de jugarse las vencidas con la autoridad central mientras el piso inferior se les cae a pedazos. Que si pidió licencia, que si volvió un viernes para pelarse el sábado… da la impresión de que el señor gobernador confunde el Ejecutivo estatal con la puerta giratoria de un motel de paso. O peor aún: cree que la Constitución sinaloense es una membresía de tiempo compartido.

Que absoluta falta de cultura política. El poder, desde los tiempos de los romanos, siempre ha tirado hacia el centro.

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Y mientras en el Pacífico se despiden de la silla, en las alturas del Caribe flotan en nubes de billetes. Vaya puntería la de Mara Lezama para elevar los dogmas de la austeridad republicana… a 30 mil pies de altura.

Con casi un centenar de vuelos privados en la bitácora -y hacia destinos tan “austeros” como Orlando y Vail- la gobernadora de Quintana Roo demuestra que el espíritu viajero no se destruye, sólo se transporta en aviación ejecutiva. Gastarse en un escapada a la nieve el sueldo de ocho meses habla de una ingeniería financiera digna de Harvard… o de una tarjeta institucional sin límite de crédito.

En los pasillos de la Transformación sacan cuentas: si la Presidenta suma un puñado de salidas en dos años, su gobernadora caribeña ya roza los 120 despegues y aterrizajes fuera del país. 

¡Eso es amor por la promoción turística! Lo malo es que la factura la paga el erario de una entidad donde la pobreza extrema jamás ha viajado en avión Gulfstream.

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Por los rumbos del Golfo a Rocío Nahle le llueve sobre mojado, y no precisamente por remanentes de huracán. Dicen quienes conocen las entrañas del poder federal que en la capital existe una fototeca con detalle cinematográfico sobre sus andanzas.

En los pasillos de la inteligencia federal se sabe que las escapadas de la mandataria veracruzana rumbo al rancho de Palenque no pasaron desapercibidas. Ser la mensajera en las sombras para el bando de los “duros” del partido tiene sus riesgos; el principal es que la Presidenta mantenga la memoria afilada y el saludo en las giras se vuelva más frío que un raspado de La Parroquia.

¿Será por eso que en la foto oficial últimamente hay metro y medio de distancia social?

Pero, fiel a su costumbre, la gobernadora veracruzana montó en ira contra la pluma de Salvador García Soto y negó tajantemente haber servido de correo de brujas u operadora en la sombra para las decisiones del sinaloense.

Según su alegato, el único hilo que los une es la coincidencia partidista, exigiendo además “rigor probatorio” a la prensa antes de soltar la lengua. Y como el circo no podía cerrar sin su respectiva puntada de comicidad, la mandataria culminó su catecismo bananero ilustrando a la tropa de reporteros sobre el significado del farmer aura -esa expresión viral de internet sobre realizar acciones para acumular, de forma simbólica, puntos de carisma, estilo y presencia.

Cosas de la política de rancho.

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En la Secretaría de Educación que regentea Mario Delgado traen el plumón listo para borrar de un plumazo el examen de ingreso a la preparatoria hacia 2027. La premisa suena a cuento de hadas: “Mi Derecho, Mi Lugar” promete que el estrés de las pruebas estandarizadas pasará al baúl de los recuerdos.

El pequeño detalle que omiten los burocrátas del escritorio populista es qué diantres va a pasar cuando todos los egresados de secundaria se abalancen sobre el mismo plantel de prestigio. Erradicar la prueba suena muy bonito en el discurso demagógico, pero sin aulas nuevas ni presupuesto, la utopía del pasaporte directo convertirá la asignación de lugares en una encarnizada riña de mercado.

Eso sí, libérrima de discriminaciones académicas.

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Y para coronar la estampa del teatro jarocho, la emperatriz del mármol amaneció vestida de promotora deportiva. Con el pecho henchido de entusiasmo, Rocío Nahle le otorgó la bendición pública al polémico Fidel Kuri para resucitar a los devaluados Tiburones Rojos, presumiendo un dream team imaginario: Tiburones en Primera, Piratas en Expansión y Delfines en Segunda.

La gobernadora parece olvidar que en la Federación Mexicana de Futbol son más rencorosos que el propio Poder Judicial a la hora de cobrar facturas viejas y desafiliaciones ejecutadas. Defender a Kuri alegando que “le asiste la razón” es un tiro por la culata que huele a autogol en tiempo de compensación.

Todo sea por mantener a la plebe entretenida.

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