• Por primera vez, el Centro de Ciencias de la Tierra de la Universidad Veracruzana (UV) cuantificó la pérdida del volumen de hielo en todo el cuerpo del glaciar 
  • El estudio se sustenta en más de 30 años de datos y mediciones, no en pronósticos catastrofistas 

El glaciar norte del Pico de Orizaba, último que permanece en México y uno de los referentes de la red mundial de monitoreo de estos cuerpos de hielo, atraviesa una fase terminal, de acuerdo con mediciones y análisis realizados por investigadores del Centro de Ciencias de la Tierra (CCT) de la Universidad Veracruzana (UV). 

Víctor Soto Molina, académico adscrito al CCT y doctor en Geografía con especialidad en climatología teórica y aplicada en sistemas de alta montaña, explicó que el comportamiento observado en el glaciar es resultado de un proceso documentado durante más de tres décadas y que combina tres factores adversos: el incremento de la temperatura, la disminución de las precipitaciones y una mayor disponibilidad de energía para la fusión del hielo. 

Uno de los principales hallazgos del trabajo es que, por primera vez en México, se contabilizó la pérdida de espesor de hielo en todo el cuerpo del glaciar durante los últimos 10 años (2015-2025), y no únicamente mediante perfiles o transectos realizados en puntos específicos, como había ocurrido en investigaciones anteriores. 

La disminución progresiva del volumen glaciar implica que esa disponibilidad de agua también se reducirá, advirtió el especialista

Las mediciones muestran que la pérdida de espesor es heterogénea: en distintas zonas oscila entre uno y hasta más de siete metros, mientras que el promedio para todo el cuerpo del glaciar es de aproximadamente tres metros. Esto representa una pérdida estimada de un millón 400 mil metros cúbicos de hielo, equivalentes a más de un millón 300 mil metros cúbicos de agua; para tener una idea de este volumen, es la cantidad de agua que consumiría una ciudad de 30-40 mil habitantes durante un año entero, detalló el investigador. 

“Lo importante de este trabajo es que es la primera vez que contabilizamos la pérdida de espesor de todo el cuerpo glaciar”, señaló. 

A partir de dicha estimación fue posible calcular tanto el volumen de hielo perdido como su equivalente en agua líquida y el investigador advirtió que ese volumen de agua no podrá recuperarse bajo las condiciones actuales. 

El glaciar perdió la dinámica natural que permite a estos sistemas mantener un equilibrio entre acumulación, flujo y ablación; es decir, la nieve que se incorpora durante el periodo de acumulación ya no es suficiente para compensar el hielo que se pierde durante los meses cálidos. 

Áreas de pérdida de espesor de hielo en el glaciar

La situación tiene además implicaciones para las comunidades asentadas alrededor de la montaña porque miles de habitantes obtienen agua de manantiales alimentados por los procesos de deshielo e infiltración asociados con las partes altas del Pico de Orizaba. 

La disminución progresiva del volumen glaciar implica que esa disponibilidad de agua también se reducirá, por lo que el especialista considera necesario comenzar a pensar en alternativas para atender a estas poblaciones en el corto y mediano plazo. 

Los datos climáticos utilizados por el equipo abarcan de 1990 a 2025. En ese periodo se identificó “un incremento estadístico significativo de aproximadamente un grado Celsius en la temperatura” de la zona central del glaciar, así como una disminución cercana a 200 milímetros anuales de precipitación. 

El problema no se limita a que llueva menos, advirtió el entrevistado. Las nevadas que todavía ocurren en las partes altas se concentran principalmente entre marzo y septiembre, es decir, durante los meses más cálidos, pero, debido a las fuertes variaciones de temperatura en altitudes superiores a los cuatro mil 500 metros, la nieve puede fundirse pocas horas después de caer, lo que dificulta que se compacte y se transforme en hielo. 

Pérdida de superficie entre el 2015 y 2026. Los números señalan los puntos y el orden en que apareció el basamento rocoso por debajo del hielo

A estos factores se suma un balance energético que favorece la fusión y, de acuerdo con las mediciones referidas por el investigador, existe un superávit de energía de 32.7 watts por metro cuadrado al año en promedio y, después del balance correspondiente, alrededor de 23 watts por metro cuadrado quedan disponibles para la fusión del hielo. 

El retroceso también puede observarse en superficie; por tal motivo, entre 2019 y 2026 el frente del glaciar se ha desplazado aproximadamente 200 metros, mientras que imágenes y mediciones comparativas evidencian una reducción considerable de su extensión y la aparición de zonas de roca que antes permanecían cubiertas por hielo. 

Víctor Soto subrayó que estos resultados “no pretenden generar una visión catastrofista ni sensacionalista” sobre el futuro del Pico de Orizaba. Por el contrario, explicó que se trata de información obtenida mediante observaciones, mediciones en campo y análisis de datos acumulados durante más de 30 años. 

Reiteró que el objetivo del monitoreo es documentar científicamente la evolución del glaciar y sus consecuencias ambientales y sociales. 

El especialista evitó establecer una fecha para su desaparición y puntualizó que en glaciología no se pretende realizar pronósticos de ese tipo, pero los datos muestran que el glaciar se encuentra en una situación cada vez más adversa y que su volumen continuará disminuyendo si las condiciones actuales persisten. 

Para la Universidad Veracruzana, agregó, la tarea consiste en continuar vigilando la evolución del último glaciar mexicano mientras las condiciones de la montaña lo permitan, generando información científica que ayude a comprender no solo la transformación del Pico de Orizaba, sino también sus efectos sobre el agua y las poblaciones que dependen de ella; para concluir, dijo que los resultados de esta investigación en breve serán publicados en una revista científica especializada. 

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