Por Antulio Ficachi

La DEA no olvida…ni perdona. Desde las heladas oficinas de Washington llega un mensaje cargado de veneno para la fauna política criolla: la agencia de las tres letras viene por los narcofuncionarios. Y mientras la presidenta Sheinbaum y sus cerebritos intentan presumir los milloncitos recuperados del baúl de Genaro García Luna, desde allá responden con una mueca burlona: apenas es el aperitivo. 

Lo sabroso no es el dinero devuelto, sino los nombres que faltan en la lista. Con la lupa puesta sobre Sinaloa y los apellidos Rocha Moya e Inzunza rebotando en los juzgados de Nueva York, a más de un “servidor público” en México se le debe estar cortando la digestión. 

Allá no compran discursos de soberanía; allá preparan esposas.

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Donde la pobreza nomás no hace escala es en Portofino. En un lujoso castillo italiano, entre copas de cristal y el aire fresco del Mediterráneo, reapareció el expresidente Enrique Peña Nieto en la pomposa boda del cantante Omer Adam.

Todo muy chic, hasta que el teléfono de Efraim Feder hizo un transmisorazo en vivo por Instagram y dejó ver con quién compartía mesa el mexiquense: nada menos que Avishai Neria, personajazo vinculado a la intermediación del mentado software espía Pegasus y a aquellos famosos $25 millones de dólares en sospechosísimos moche-sobornos. 

Para algunos, el amor y el espionaje siempre se disfrutan mejor con vista al mar. ¡Viva la dolce vita!

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Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en Veracruz resultan inevitables. Si quedar retratado junto al recuerdo de Cuitláhuac García provoca náuseas por la pura torpeza acumulada, el verdadero susto llegó después: cuando el respetable creía haber tocado el límite de la incompetencia, apareció Rocío Nahle para demostrar que siempre se puede descender un escalón más. En un pestañeo, la gobernadora se lanzó a romper el récord… ¡pero hacia el abismo!.

El viejo lobo de mar, Dante Delgado, salió a recordarle a los veracruzanos que en las playas del Golfo de México la justicia se reparte con garrote. Con el fraude postelectoral en Poza Rica y Papantla, la persecución de opositores y la trágica pérdida de activistas y periodistas, el líder naranja dejó en claro que la procuración de justicia mutó en un mazo de consigna. Su advertencia retumba con maliciosa profecía: “El peor año de un régimen siempre es el que sigue”.

El gobierno de la señora Nahle cambió de rostros no de mañas y cuando el poder se emborracha de garrote, la goma se acaba pronto.

¡Vamos bien y viene lo mejor!, ¡Disfruten lo votado! o ¿cómo era?

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Hablando de la flamante y finísima gobernadora, la empatía con la clase obrera le duró exactamente lo que tarda un parpadeo. En su reciente paseíllo por el ingenio azucarero San Pedro, en Lerdo de Tejada, la señora Nahle estrechó la mano de un abnegado trabajador del campo para, inmediatamente después -con un gesto que osciló entre el asco y el reflejo involuntario-, limpiarse compulsivamente la palma contra su pantalón. 

El desplante encendió las redes sociales más rápido que la caña seca. 

¡Vaya forma de untarse el pueblo en las manos!

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En la Atenas Veracruzana, la austeridad es un bello poema que solo se lee, pero jamás se cobra. Resulta que en el Ayuntamiento de Xalapa el lema de “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre” se lo pasaron por el arco del triunfo. 

En la nómina capitalina, la alcaldesa Daniela Griego Ceballos cobra la nada despreciable suma de $82 mil 960 pesos netos al mes, casi empatada con el sueldo de la propia gobernadora. 

Mientras los técnicos y el personal operativo rascan la cazuela con suelditos de 5 y 10 mil pesos al mes, la burocracia dorada del partido guinda se sirve con la cuchara grande entre el síndico -toda una fichita- ediles y asesores con sueldos de rey. 

¡Viva la austeridad republicana, pero en los bueyes de mi compadre!

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