Con el respaldo demográfico de casi la mitad del planeta y un dominio territorial que abarca el 65% de Eurasia, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) dio inicio a su cumbre histórica en Biskek. El encuentro, que conmemora los 25 años del organismo, marca un punto de inflexión en la geopolítica global con una meta clara: desmantelar la dependencia financiera de Occidente mediante la creación de una arquitectura bancaria y de pagos plenamente independiente.

La cita reúne a los principales contrapesos del bloque occidental. Encabezados por los presidentes de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping, así como por el primer ministro de la India, Narendra Modi, más de 20 jefes de Estado y de Gobierno se concentran en la capital kirguís. La presencia del mandatario iraní, Masoud Pezeshkian, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el secretario general de la ONU, António Guterres, reafirma el desplazamiento del eje de decisión geopolítico hacia el Este.

De la seguridad regional a la soberanía financiera

El temario de Biskek trasciende las intenciones diplomáticas y busca materializar proyectos institucionales de gran calado. Las delegaciones negocian la puesta en marcha de un Banco de Desarrollo propio y un sistema de pagos independiente diseñado para eludir las sanciones financieras internacionales impuestas por las potencias occidentales.

En materia de seguridad interna, la agenda contempla la firma de los acuerdos para operar dos nuevos organismos clave:

  • El Centro Universal para Combatir los Nuevos Desafíos y Amenazas.
  • El Centro de Lucha contra los Delitos relacionados con las Drogas.

Asimismo, la mesa de trabajo multilateral prevé fijar una posición conjunta respecto al estatus geopolítico de Irán y sellar la llamada Declaración de Biskek, un pliego que redefinirá la ruta operativa del grupo para las próximas décadas.

Una masa crítica imposible de ignorar

Analistas coinciden en que la OCS dejó de ser una alianza regional de contención para convertirse en el motor principal del orden multipolar. Con más de 3,400 millones de habitantes bajo su jurisdicción y una extensión continua de 36 millones de kilómetros cuadrados, la capacidad del bloque para articular un mercado interno propio representa un desafío directo a la hegemonía atlántica.

Especialistas internacionales señalan que el reto inmediato para Rusia, China y sus socios no radica en el peso de sus discursos, sino en su capacidad técnica para traducir el consenso político en instituciones económicas operativas. La Cumbre de Biskek medirá de forma definitiva si Eurasia está lista para institucionalizar un modelo global paralelo que no responda a la directriz de Washington ni de Bruselas.

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