Por Antulio Ficachi
Y la austeridad, un chiste de mal gusto. Vaya sainete el escenificado en los altares sagrados de Palacio Nacional. Doña Claudia Sheinbaum se fajó los faldones y, ante trescientos convidados de piedra —entre gobernadores con olor a queroseno y ministros de la Corte con el cuello almidonado—, soltó el látigo sermonero: nada de lujos, nada de ostentación, sencillez de catecismo. ¡Ay, por favor!
Apenas terminaba de resonar el eco de la prédica franciscana, en su segundo informe de gobierno, cuando a más de tres se les ahogó la guajolota. A su lado, la caribeña Mara Lezama tragaba saliva recordando sus 119 bitácoras de vuelo internacional, casi un centenar de ellos en pájaros de acero privados. ¿La culpa? De unos “amigos empresarios”, dice ella. ¡Faltaba más! Generosidad pura de la iniciativa privada al servicio de la causa.
Y qué decir del heredero del imperio, Andrés Manuel López Beltrán. El mismísimo Andy imparte cátedra de sobriedad desde las mullidas suites del hotel Okura en Tokio, sazonadas con mariscadas de alto copete en la Condesa y el desdén diplomático de una visa gringa revocada. Remató la pasarela el diputado coahuilense Antonio Flores Guerra, paseando la pobreza franciscana a bordo de un bólido italiano de edición limitada.
¡Qué bonita familia!
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Y quien se atrevió a romper la fiesta de los aplausos desde el recinto legislativo fue el hijo de la leyenda, Luis Donaldo Colosio Riojas, les aventó la viñeta amarga a la bancada guinda: ocho años en el trono y la casa sigue ardiendo. “¿Hasta cuándo el pretexto del pasado si el pasado ya son ustedes?”, soltó con frialdad de cirujano.
La receta oficialista es clara: concentración absoluta del poder para resolver absolutamente nada. La violencia, la impunidad y la indigencia educativa siguen vivas y coleando, pero eso sí, con nuevos y voraces administradores del botín.
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Por los rumbos de la Atenas Veracruzana, las aguas continentales bajan turbias y apestan a bisnes de terratenientes. El penalista Jorge Reyes Peralta le puso el cascabel al gato y apuntó con la diestra directo al pecho de Ricardo Ahued Bardahuil. El flamante Secretario de Gobierno fue acusado con pelos y señales de solapar al cotizado “cártel inmobiliario” de Xalapa.
El entuerto no es de centavos: involucra un jugoso predio en Arco Sur tasado en 500 millones de pesos, entramado con notarios complacientes, sentencias chuecas y despojos al hilo. Fiel a su costumbre de piel delicada, el señor Secretario brincó a la palestra exigiendo pruebas e invitando a su acusador a tomar el café en Palacio para “revisar legajos”.
Ahued jura y perjura que no encubre a nadie, pero en los juzgados de Pacho Viejo los expedientes crujen y el olor a azufre desmiente el discurso oficial de la honestidad nítida.
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Y hablando de honestidad valiente, que nadie se espante, porque la nómina de la Secretaría de Salud de Veracruz da para eso y para sorpresas mayores. El doctor Leonel Efrén Rivera Pinete, director de Salud Pública, goza de una bendecida sombra política gracias a su matrimonio con la rectora del Colver, Erandi López Herrería, emparentados con el siempre exquisito Arturo López Obrador.
Se sabe que el funcionario no sufre por la escasez de medicinas en los hospitales; prefirió armar una comitiva VIP durante tres días en Tampico Alto para un torneo de pesca deportiva, todo financiado y cobijado para los misteriosos operadores de la Torre JV en Xalapa. Viandas finas y tintos de reserva para mitigar el estrés de la burocracia estatal.
La Cuarta Transformación también sabe pescar en río revuelto.
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Y en el capítulo de la transparencia al estilo “cuatroté”, el concurso de belleza continúa en el Órgano de Fiscalización Superior del Estado (ORFIS). De 28 suspirantes registrados bajo el espeso manto de la opacidad —cortesía de la Comisión de Vigilancia del Congreso—, sobresale la cara dura de Eric Domínguez Vázquez.
El flamante subsecretario de Sefiplan y exalcalde de Papantla levantó la mano para ser el nuevo auditor mayor del estado. ¡Vaya descaro! Pretende brincar del mostrador donde se gasta el dinero a la silla desde donde se juzga el gasto, arrastrando además observaciones pendientes de su propia gestión municipal. Si el juez es el mismo que robó las manzanas, ya sabemos cómo saldrán las cuentas públicas del 2026 al 2033.
Por cierto, nos aclaran que Cecilia Coronel, exservidora pública estatal y local con experiencia, honestidad y honorabilidad probada, no se inscribió en este proceso como apresuradamente difundieron algunos medios. La contadora sabe bien qué juegos jugar y, sobre todo, cuándo retirarse del fango.
En Veracruz, los cuates no cambian… solo heredan el garrote.


