Un estudio masivo de la Universidad de Oxford ha encendido las alarmas en la comunidad médica al confirmar una preocupante relación entre el consumo de café o té a temperaturas elevadas y el desarrollo de carcinoma de células escamosas de esófago, un tipo de cáncer del tubo digestivo superior.
La investigación, publicada en la revista International Journal of Cancer y difundida por Cancer Research UK, siguió durante más de una década la salud de cerca de 980 mil adultos en el Reino Unido. Los participantes catalogaron sus hábitos de consumo en tres categorías: “templado”, “caliente” o “muy caliente”.
Los resultados son contundentes: quienes consumen sus bebidas “calientes” registran casi el doble de riesgo de desarrollar este tumor en comparación con quienes las prefieren “templadas”. En el caso de los usuarios que reportaron tomarlas “muy calientes”, la probabilidad se triplica.
La doctora Keren Papier, investigadora del proyecto, enfatizó la relevancia del hallazgo para el contexto occidental, donde el consumo diario de té y café está fuertemente arraigado. Los científicos hicieron hincapié en que el daño no lo causa el café ni el té por sí mismos, sino la agresión térmica que sufre el tejido esofágico de forma repetida.
Aunque el carcinoma de células escamosas de esófago mantiene una incidencia general baja —con un riesgo poblacional a lo largo de la vida cercano al 1% en esa región—, los especialistas sugieren no desestimar la advertencia. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica el consumo de líquidos por encima de los 65 °C como “probablemente carcinogénico”.
La recomendación práctica de los expertos es simple: dejar enfriar las tazas unos minutos antes de beber para evitar lesiones térmicas progresivas en el esófago.








