Por Antulio Ficachi
Desde el púlpito mañanero, la inquilina de Palacio Nacional se puso las hombreras para encarar al “güero” Trump con la clásica y muy mexicana técnica del “y tú más”. Cuando el vecino del norte berreaba por los cárteles, Claudia Sheinbaum le devolvió la bolita exigiendo que revise su propia epidemia de adicciones y las balitas que cruzan la frontera de contrabando.
Eso sí, de este lado de la balsa la soberanía se blande con discursos y los problemas reales se atienden con aspirinas para un cáncer metastásico.
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¡Habrase visto milagro financiero e hidráulico! En San José Iturbide, Guanajuato, las fuerzas del orden dieron otro “golpe histórico” al asegurar 59 millones de litros de combustible robado. Sí, ese que nominalmente se había extinguido por decreto presidencial en los tiempos del Mesías.
Pero no se pasen de malpensados: a pesar de tener una alberca clandestina del tamaño de un lago artificial, otra vez, ¡ni un sólo detenido!
Los huachicoleros debieron evaporarse por arte de magia o salieron volando en caravana invisible, porque los tanques gigantes y los camiones aparecieron solos, pobrecitos, abandonados a su suerte en un predio que operaba a la vista de todos menos de las autoridades.
¡Pura eficiencia de la Cuarta Transformación!
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Acá en la aldea veracruzana, la infraestructura avanza a pasitos de tortuga reumática. El famosísimo Puente Coatzacoalcos 3, estimado en unos módicos 7 mil 274 millones de pesos, sigue atrapado en el limbo de las licitaciones. Prometido para marzo, pospuesto para mayo, postergado para julio y ahora con “fallo en octubre”, parece más una leyenda urbana que una obra pública.
En contraste, presumen orgullosos el Distribuidor Vial Puerto de Veracruz.
Menos mal que al menos una obra sí terminó de nacer antes de que se oxidara el presupuesto.
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Y para que no digan que en el trópico no hay acción política, la gobernadora Rocío Nahle se metió de bomberazo a apagar incendios legislativos proponiendo quitarle el fuero a los alcaldes veracruzanos.
La iniciativa llegó calientita al Congreso local, aunque en el Anexo B —ese misterioso cajón de sastre donde guardan la letra chiquita— todavía nadie sabe bien a bien qué munícipes sudarán frío o si la medida aplicará parejo.
Lo que es un hecho es que muchos ediles ya empezaron a encomendarse a todos los santos.
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Una tragedia con sello de la casa ocurrió en el Centro de Alta Especialidad (CAE) “Dr. Rafael Lucio” de Xalapa, donde decidieron innovar con la consulta de riesgo extremo.
Un plafón completo se desprendió en pleno consultorio de ginecología justo cuando revisaban a una paciente, rozando a una doctora y milagrosamente sin aplastar a nadie.
Los trabajadores exigen que la gobernadora y la titular de Sesver se den una vuelta por el hospital para ver si las goteras y los techos caídos también forman parte de la “austeridad republicana”.
¡Pobre salud pública: te mata la enfermedad o te mata el hospital!


