La desidia del gobierno de Sheinbaum y los compromisos de la gobernadora de Veracruz están acabando con el sector salud en el estado. Lo poco que quedaba de él en 2019, lo han ido devorando los gobiernos morenistas de Cuitláhuac García y Rocío Nahle: tan culpable el primero, como la segunda. Y el principal funcionario responsable en ambos periodos ha sido el doctor Roberto Ramos Alor con su evidente incompetencia e irresponsabilidad.

Nadie sabe cuál es el gran apoyo que este médico de Coatzacoalcos ha dado a la mandataria estatal—que ella asegura, para sostenerlo en el cargo—para que el cuestionado servidor público siga apoltronado en las oficinas cobrando un sueldo sin merecerlo.

Y quién sabe también, qué veracruzano que convoque Morena, es el que votará por las fórmulas de ese partido en las cercanas elecciones de 2027. Porque si la presidenta sigue volteando para otro lado, y la gobernadora continúa empecinada en mantener su modélica actitud en el sector salud, seguirá aumentando el disgusto ciudadano contra Ramos Alor y Nahle. Los veracruzanos están percibiendo la carencia de medicamentos y atención adecuada en las clínicas y hospitales del estado y del IMSS en esta entidad.   Imposible tapar el sol con un dedo, por muy rechoncho que esté.

En el tema de la salud, la ingeniera Rocío Nahle comenzó con el pie derecho con su programa de camionetitas. Pero si las camionetitas y el gasto no resuelven la carencia de medicamentos, esas camionetas pasarán al olvido sin pena ni gloria.

En Veracruz hay mucho qué hacer, para perder el tiempo sosteniendo un pesado lastre, porque el lastre no se puede poner de moda: es peso muerto e inútil. Y parece que la doctora, sureña también, que colocaron en Servicios de Salud, sólo es buena para campañas políticas. Quizá es tiempo de que la dama vuelva a esa actividad que sí domina, y deje la posición para un funcionario que sí funcione, para un médico profesional, con experiencia médica y sensible a las necesidades de la sociedad.

La gobernadora Nahle tiene muchos pendientes: el primero es con Veracruz, con los que le dieron el voto y esperan más que festivales musicales y circo. El segundo con la historia, porque ella recibió una entidad productiva situada en los primeros sitios del país (sexto lugar nacional, con el 4.3% del PIB)), y ese estatus ahora se sitúa en riesgo delicado. 

Y aquí viene algo que debiera ser preocupante para todos: en el proyecto sexenal de obras de Sheinbaum, no viene gran cosa para Veracruz, porque el estado ya recibió el Tren Interoceánico que ha costado 65 mil millones de pesos y sigue en proyecto de desarrollo, con ingresos mínimos que no justifican el costo-beneficio de esa obra.

Y en eso también Nahle tiene otro compromiso, y este es de tipo moral con AMLO, el político que la inventó y colocó en todos los puestos relevantes. Por gratitud a él, ella debería convertirse en la adalid de esa obra del Istmo de Tehuantepec para promoverla, y hacerla productiva y prioritaria para el gobierno de Veracruz. 

¿O acaso es que el estado está condenado a tener elefantes blancos con el régimen obradorista-claudista: el Tren Interoceánico, el Estadio de los Tiburones Rojos y el Nido del Halcón, que no han sido redituables y hay acusaciones de corrupción? Son tres muestras y sigue la cuenta.

Por la salud de los veracruzanos que no reciben adecuada atención médica, deben darse cambios y exigir resultados. Creemos que es hora de que Rocío Nahle García deje la moda a un lado, y se ponga a trabajar como gobernadora. Ya perdió los dos primeros años y necesita votos. 

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