Por Antulio Ficachi
Por los pasillos del poder, las lenguas viperinas y las realidades que incomodan. La política mexicana, esa trágica comedia que ni el mejor dramaturgo pudo haber ideado, vuelve a regalarnos estampas para el despiece y el análisis ácido. Pásale, estimado lector, que el menú de hoy viene sazonado con hipocresía diplomática, añoranzas universitarias y el inconfundible tufo de la burocracia tropical.
Muerte al extranjero… ¡pero pásenme el violín!
***
Desde la tierra del culiacanazo, donde los balazos se escuchan más fuerte que los discursos, la presidenta Claudia Sheinbaum fue a recitar un poema sobre la soberanía. Ante una Feria Ganadera que olía más a miedo que a ganado, la mandataria juró y perjuró que “la injerencia genera violencia”.
¡Alineen los astros! Todo esto, por supuesto, mientras el sombra del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, vaga por los pasillos acusado por los gringos de tener una amistad… digamos, demasiado estrecha con el narco local.
Pero claro, para la narrativa oficial, los culpables de la carnicería entre “Los Chapitos” y “La Mayiza” no son las ráfagas de AK-47 ni la complicidad estatal, ¡sino Washington por metiche! “Nosotros hacemos política con amor”, arengó Sheinbaum.
Habrá que ir a decirles a los sinaloenses que se parapeten detrás de los abrazos y el “amor al pueblo”, porque las balas de la narcoguerra, por lo visto, se detienen con pura soberanía de utilería.
***
Y en el rincón de las medallas, reapareció el ilustre exrector y ahora canciller de las causas nobles, Juan Ramón de la Fuente, para recordarnos que la UNAM cumple nada menos que 475 años desde que a Fray Juan de Zumárraga se le ocurrió pedir una universidad para la Nueva España.
Entre el Derecho Romano y la Revolución Francesa, De la Fuente se aventó un salto mortal con triple giro: de elogiar la autonomía, la pluralidad y el glorioso “¡Viva la discrepancia!” de Barros Sierra en el 68, pasó sin pestañear a aplaudir al actual Gobierno por meterle mano y “mecanismos de contención” a la Inteligencia Artificial. ¡Habrase visto tal pirueta! La máxima casa de estudios celebra casi cinco siglos resistiendo autoritarismos… mientras sus próceres le echan porras al control estatal en nombre de la ética.
En fin, el faro sigue encendido, aunque a veces la niebla de la conveniencia política no nos deje ver la luz.
***
Bajando hacia el sur, en el Veracruz de los contrastes y las zanjas, el dengue le está comiendo el mandado al Gobierno estatal. La entidad se colocó en un escabroso segundo lugar nacional en muertes, con más de dos mil casos estimados flotando en la incertidumbre. El mosquito transmisor anda haciendo de las suyas con total impunidad, mientras las autoridades federales y locales se entretienen contando cuerpos en las sesiones del Conave.
¡Un verdadero monumento a la eficiencia epidemiológica!
***
Y hablando de héroes de la salud, quien aplicó la de “aquí corrió que aquí quedó” fue el doctor Valentín Herrera Alarcón. Tras dejar temblando a la Secretaría de Salud veracruzana (SESVER) entre protestas de trabajadores a los que les quedaron a deber hasta el aguinaldo, el médico empacó sus maletas. ¿Su castigo? ¡Un premio consolación!
Batres lo acomodó como flamante director del Hospital Bicentenario del ISSSTE. “Regreso a casa”, suspiró aliviado el doctor. ¡Pues claro! En el sistema federal no hay brotes que apaguen ni empleados protestando en la puerta… solo 3.5 millones de pacientes esperando a que el milagro de la burocracia los cure.
Y más cilantro para los frijoles: A veces parece que en este país la única plaga que no se extermina con fumigación es la de los políticos con amnesia.


