Parar a descansar o cargar combustible se ha convertido en un lujo de alto riesgo para los operadores del autotransporte federal. Entre emboscadas a balazos, secuestros exprés y una creciente escasez de mano de obra, las carreteras del país operan bajo el asedio del crimen organizado y la presunta complicidad de las propias corporaciones de seguridad.

De acuerdo con cifras de la Asociación Nacional Transportista (ANTAC), las rutas mexicanas resienten entre 30 y 40 robos diarios, de los cuales más del 70% se perpetran con violencia extrema. El fenómeno delictivo mantiene su mayor concentración en el Estado de México, Puebla y Guanajuato, zonas que acumulan casi la mitad de los hurtos a nivel nacional.

Violencia letal y nuevas tácticas criminales

Los trabajadores del volante señalan que la dinámica del delito cambió drásticamente. Más allá de la pérdida material de la carga o de las unidades pesadas, el riesgo apunta directamente a la vida de los operadores.

Los grupos delictivos implementan tácticas como embestir a los camiones en pleno movimiento para obligar a los conductores a detenerse. “Ya no es solamente que se roben la carga o la unidad, ya literalmente matan a los operadores para evitar problemas”, denunció Jonathan, operador de grúas con una década de trayectoria en tramos críticos como la autopista México-Puebla.

Por su parte, veteranos del sector como Eduardo, con 28 años al volante, aseguran que la premisa actual es llegar al destino a cualquier costo para evitar ser presa de la delincuencia apostada en los trayectos.

Medidas oficiales insuficientes y sombra de corrupción

Frente a este escenario, la administración federal implementó el año pasado el plan “Cero Robos”, enfocado en vías prioritarias como México-Puebla, México-Querétaro y Culiacán-Mazatlán mediante el despliegue de más de mil 180 elementos de seguridad. Sin embargo, los gremios califican las acciones institucionales como insuficientes.

A la amenaza de los grupos armados se suma la extorsión cotidiana. Marco, un transportista con más de 40 años de experiencia, afirmó que la red de protección institucional está comprometida: “Tú vas con un policía y corres el peligro de que él sea el encargado de hacer el trabajo”. Una postura respaldada por Miguel Ángel Santiago Solís, coordinador nacional de la Alianza Mexicana de Organización de Transportistas (AMOTAC), quien denunció abusos constantes de corporaciones locales y federales.

Crisis laboral en el sector

La espiral de inseguridad e impunidad provocó una severa crisis de escasez de operadores. Miles de plazas de trabajo permanecen vacantes debido a que los choferes prefieren abandonar la profesión o migrar ante el temor constante de no regresar a casa.

Ante la falta de garantías en las rutas, los transportistas han tenido que recurrir a la tecnología privada, instalando sistemas de rastreo GPS, botones de pánico y redes internas de apoyo mutuo para sortear el peligro en cada viaje.

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