Hace 3 años, Sebastián Sariñana se le acercó a Fernanda Castillo para hablarle de un proyecto que tenía en mente: Prefiero la muerte, una serie de zombis. “Y habló tan apasionadamente que dije: a mí me parece muy importante que los directores y los nuevos creadores estén tan comprometidos con sus historias de esa manera –cuenta la actriz en entrevista con Forbes–. Así que le comenté: si tú vas a llevar ese barco, yo me quiero subir en él”.
Fernanda no había hecho nada en el género del terror, así que le pareció muy gozoso y divertido interpretar a Sarah Díaz, una investigadora de la policía que de repente se encuentra tras la pista de Archibaldo Pérez (Diego Bernal), un adolescente conocido como “El Asesino” que es molestado por Domingo (Leonardo Ávila), el acosador de la escuela.
A Archi se le acusa de asesinar al tendero de la esquina, aunque más bien es atacado y mordido por este, quien se ha convertido en zombi. Pero nadie más que el chico, su amiga Cristina (Lilith Curiel de Cometierra) y su amor platónico Brenda (Farah Justiniani de Papás por encargo) saben lo que ocurre, a pesar de que el perro “Bolillo” de la mamá de Domingo (interpretada por Sherlyn) tiene una transformación física muy evidente.
“El género de terror en México es muy importante y se cuentan muchas historias, hay grandes directores, pero una historia de zombis, y además hablando de jóvenes y con humor, no había visto nada –dice Fernanda–. Es comedia, pero también terror, y hay zombis, y es México. Me encanta pensar que conforme vayan pasando los años, va a haber gente que diga: ‘ah, claro, sí hay una historia de zombis que trate de mi país’”.
Subraya la cantidad de referencias culturales afincadas en México: la tienda de la esquina, el perro “Bolillo”, el grupo de las tías superreligiosas, el esquema piramidal de venta de vitaminas. “O sea, hay muchas cosas con las que nos pudimos relacionar, y esta manera de ver a la muerte también, como algo que tiene comedia, que no solamente da miedo, y que también es más cercano a nosotros de lo que pensamos, es una visión muy mexicana y latinoamericana. Entonces, me parecía que era un proyecto que innovaba desde ese lugar”.
–¿Qué te atrajo de tu personaje?
–Es un personaje que pareciera una extranjera que llega a un lugar y que está viviendo una revolución interna también, que está preguntándose qué lugar tiene su profesión en su vida y cuál es el balance con su vida y con su pareja. Al mismo tiempo, se pregunta si quiere ser madre o no, que eso es ya una revolución lo suficientemente fuerte. Y al mismo tiempo es la única que tiene la empatía de poder escuchar a estos chavos que están viviendo algo que no entienden y con lo que no pueden. Entonces, me pareció que toda esta invasión zombi era una metáfora de de de una transformación interna que viven los personajes, y que vive el propio lugar de Mendoza. Es un pueblo (ficticio) en México como muy apartado, que de repente se sintiera como de otra época. Hay muchas cosas apoderándose de él, y la corrupción, los zombis. Me pareció que era una metáfora muy padre de un lugar que está transformándose.
–¿Tuviste oportunidad de hacer tus propias aportaciones para construir el personaje?
–Sí, a partir de que yo entré al proyecto, se hizo una búsqueda más de la historia de Sarah, para que pudiéramos entenderlo un poco más en cosas que se ven en la serie y en cosas que no se ven, como este pasado de ella, yo decía, me suena que es un personaje extranjero que llega a un lugar y por eso puede ver cosas que los que viven ahí, como pasa en la vida, no pueden ver y solo alguien que viene de fuera puede verlas. Me pareció también, en el vestuario hubo cosas en las que pude entrar, como por qué se viste así. Es una mujer que vive en un mundo de hombres, pero que probablemente su papá era policía también, y entonces siempre uso una chamarra que viene del papá. Y también este asunto de subirme al barco, de entender que esta manera de contar esta historia es diferente probablemente al de otros proyectos que yo he abordado, simplemente porque es de otra generación. Y también poderme adaptar a esa nueva manera de contar historias con otro ritmo, con otra manera, y entender que eso es parte de un nuevo aprendizaje. De entrarle a algo que ya está construido, que no es el proceso al que yo estoy acostumbrada.
–Ahora que hablas de esto del del de las nuevas generaciones, ¿cómo fue trabajar precisamente con estos chicos?
–Fue muy divertido porque la mayoría del tiempo no les entendía nada. Cuando estábamos fuera del set había muchas cosas de las que hablábamos, que yo decía definitivamente somos de generaciones completamente diferentes, pero fue muy lindo ver cómo aprovecharon. Cuando yo tenía su edad, no existían estas plataformas y estos proyectos tan grandes que se le dieran a personas jóvenes ni que iban iniciando su carrera, porque nadie se arriesgaba. Me parecía muy lindo ser testigo de eso. Y que lo hicieran con ese compromiso y con esas ganas de aprender, pero también desde una manera tan bien hecha. Diego, por ejemplo, la mayoría de sus stunts los hizo él. De todas las escenas de acción, las hacía él y yo lo veía e iba y lo maquillaban y regresaba y las horas de trabajo, o sea, desde un lugar muy comprometido y me pareció muy lindo ser testigo de cómo vienen las nuevas generaciones y cómo les importa el trabajo que hacemos, y cómo podemos aprender de ellos al mismo tiempo que ellos aprenden de nosotros. Y fue muy gozoso también poder trabajar con actores como Armando Hernández, Tiaré Scanda, Sherlyn, Luis Fernando Peña, actores que tienen toda una vida de trayectoria y podernos ver enfrentados a estos chicos que tienen otra manera de hacer las cosas y otra manera de ver la vida, y poder también celebrar el momento en el que estamos nosotros, que también es de aprender.







