- El Papa abogó este domingo por la paz mundial, conmemoró el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís y destacó que “Dios nunca desecha nuestra vida”.
Durante el rezo dominical del Ángelus en la plaza de San Pedro, el Papa León XIV hizo un llamado urgente a la comunidad internacional y a los fieles para invocar la intercesión de la Virgen María, con el propósito de que los pueblos sean liberados del “flagelo de la guerra” y de la violencia, especialmente en Tierra Santa.
Ante miles de fieles y peregrinos, el Pontífice recordó la invitación realizada la semana pasada en Lourdes para consagrar el mes de octubre al rezo del Santo Rosario por la paz. Asimismo, agradeció la labor de la iniciativa global “Un millón de niños rezan el rosario”, promovida por la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, destacando el papel fundamental de las nuevas generaciones como agentes de unidad.
Sintonía con el legado de San Francisco de Asís
La jornada estuvo marcada por las celebraciones del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís. El Santo Padre resaltó la vigencia del carisma franciscano y las diversas iniciativas conmemorativas realizadas en Asís con la participación de autoridades del Estado italiano.
En su reflexión previa a la oración mariana, inspirada en la parábola evangélica de los viñadores homicidas, el Obispo de Roma subrayó que la viña que debe cultivarse con justicia es la propia Iglesia. Señaló que el ejemplo del “Poverello de Asís” demuestra cómo sanar las discordias a través del testimonio del amor fraterno y la fidelidad al Evangelio.
“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Mientras nos reflexiona sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!”, enfatizó el Papa.
Camino sinodal hacia las familias y los jóvenes
En el plano eclesial, el Pontífice anunció que en los próximos días se llevará a cabo un encuentro en el Vaticano con jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas y presidentes de Conferencias Episcopales, enmarcado en el décimo aniversario de la Exhortación apostólica Amoris laetitia.
Este cónclave constituirá un momento de discernimiento sinodal enfocado en los desafíos actuales de la evangelización y en la protección de las familias como “fuente de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad”.







