Por Antulio Ficachi
La patria se nos encogió tanto que ya cabe en un mapa de geografía criminal donde el Estado funge como convicto… perdón, como convidado de piedra. Mientras en los escritorios oficiales los informes fluyen limpios y perfumados, el hampa ya despacha con título de propiedad en cerca del treinta por ciento del territorio. Nueve entidades donde las balas dictan cátedra y la ley aplaude desde la barda, cobijando a una cuarta parte de los mexicanos en un idilio forzado con el crimen.
En el púlpito de la Cuarta Transformación, las contradicciones son el pan de cada día y se echan más carne al asador: el centro de la soberanía se evaporó por arte de magia y los márgenes delictivos devoraron a las instituciones. Hoy, el cobro de piso y los retenes de la maña son el verdadero compás económico de la nación.
No hay discurso presidencial que resista un mapa térmico donde la paz es pura estadística alegre y el monopolio de la fuerza se fraccionó en plazas regionales.
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En la comarca veracruzana también corren aires de tragedia burocrática en tanto se monta su propia función de circo romano. La visita número diecisiete de la presidenta Claudia Sheinbaum a tierras jarochas transcurrió envuelta en la más prístina pompa oficial, flanqueada por la gobernadora Rocío Nahle y blindada contra los ruidos molestos de la plebe.
Apenas a unos minutos del besamanos marino en el puerto, Xalapa ardía con las protestas de un sector salud harto de simulaciones. Centenares de trabajadores salieron a gritar lo obvio: negar la crisis no la desaparece, por más que se intente maquillar con saliva.
Ahí mero, en el Hospital Regional “Dr. Luis F. Nachón” y en el CAE, los médicos denunciaron que el famoso noventa por ciento de abasto del IMSS-Bienestar es un prodigio del truco burocrático. Hicieron lo que cualquier mago de carpa: recortar el catálogo de claves de medicamentos para que los porcentajes luzcan divinos en papel. La realidad es que operan con un desabasto real del cincuenta por ciento, sin antibióticos, sin sondas, sin vitamina K y con los residentes comprando el material de curación de su propia bolsa.
¡La fábrica de mentiras sigue trabajando horas extra!
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En Xalapa, los parques, los atrios y los portales del centro histórico lucen repletos de rostros vencidos, cuerpos a la intemperie y familias enteras consumidas por la miseria urbana. Con este paisaje desolador, la realidad destruye sin piedad la farsa humanista de la llamada izquierda municipal y estatal.
Eso si, los discursos oficiales rebosan de sensibilidad social desde oficinas con clima artificial mientras la alcaldesa Daniela Griego y los flamantes directivos del DIF se especializan en el noble arte de la simulación: prefieren desviar la mirada y voltear hacia otro lado mientras el tejido social se desgarra bajo el asfalto.
Para esta élite de la autocracia progresista, un ser humano tirado en la banqueta es sólo una mancha estética que afea su propaganda de bienestar de simulación. Entre programas fantasma, ocurrencias de oficina y una insensibilidad pasmosa, demuestran que lo suyo no es la asistencia social, sino la fría burocracia de aparador.
¡Total, las banquetas no votan ni pagan impuestos!
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En el teatro de las vanidades, los enjuagues no descansan. Después de meditarlo largamente durante las Fiestas Patrias, se sabe que el expriista Américo Zúñiga Martínez decidió quitarse la piel tricolor para enfundarse la camiseta en el verde ecológico, amarrando una diputación federal plurinominal gracias a sus buenos oficios con Javier Herrera Borunda.
Con este brinco, Zúñiga se perfila para chocar los dados en el tablero con Román Moreno, el cuasicandidato de Movimiento Ciudadano, y con el polémico “Tato” Vega Yunes, aventado al ruedo federal por Xalapa en un auténtico festival de reciclaje de cartuchos quemados de la política de cuarta.
¡Nadie se jubila, nomás se recicla!
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Parece que Veracruz seguirá de moda; trasciende que la entidad está a punto de estrenar su propio clan familiar. Los herederos de un encumbrado secretario del gabinete de doña Rocío Nahle -personaje célebre por su genuflexión ante el poder en turno y por haber sido un modesto invento del difunto Reynaldo Escobar- presuntamente armaron una jugosa red de negocios y conflictos de intereses al más puro estilo del “clan de Amílcar”, listos para sacudir la plaza.
Cuando la bomba explote, al funcionario no le quedará más que lamentarse, aunque sea en vano; total, de tanto hincarse ante los poderosos, ¡ya ni cabellos le quedan para jalarse!
¡Plop, y recontra plop!

