La pérdida de audición, especialmente en las personas mayores, tiene que ser percibida como un problema de salud que debe prevenirse, diagnosticarse y tratarse y por eso es necesario combatir los mitos, como el de la edad o el fallo de los audífonos, para abordar esta afección y no considerarla una circunstancia ante la que haya que resignarse.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) considera que hay luchar contra los tópicos que perjudican el diagnóstico de la pérdida auditiva y que restan importancia a sus consecuencias y llevan a renunciar a mejorarla y, por tanto, también a empeorar la calidad de vida.

Estos son los 6 mitos que los otorrinolaringólogos que perjudican el abordaje de la hipoacusia en las consultas:

1. Es la edad

La edad es uno de los principales factores asociados a la pérdida de audición, pero aunque sea así no debe considerarse normal ni que no haya nada que hacer.

La presbiacusia —la pérdida auditiva asociada al envejecimiento— es una condición crónica que puede afectar progresivamente a la capacidad de comunicación, las relaciones sociales y la autonomía. Por ello, identificar vejez y pérdida auditiva constituye una de las principales barreras para avanzar en su detección precoz.

Los otorrinolaringólogos defienden ir para adelante desde un modelo basado fundamentalmente en que el propio paciente detecte el problema y solicite ayuda hacia otro en el que la salud auditiva forme parte de la vigilancia habitual de las personas mayores.

Junto con las sociedades científicas de Atención Primaria y Geriatría y organizaciones de pacientes, reclama campañas sistemáticas de cribado auditivo y un modelo asistencial coordinado que permitan identificar precozmente a las personas con pérdida auditiva y orientarlas hacia la solución adecuada.

2. . “Si la audiometría sale bien, está todo bien”

Oír no consiste únicamente en detectar sonidos. Una persona puede percibir que alguien está hablando y, sin embargo, tener dificultades para comprender determinadas palabras, particularmente cuando varias personas hablan simultáneamente o existe ruido de fondo.

La investigación está mostrando además que determinadas dificultades auditivas pueden no quedar reflejadas en una audiometría tonal convencional.

Investigadores de la Universidad de Gante trabajan actualmente en una nueva prueba para detectar la denominada sinaptopatía coclear o “pérdida auditiva oculta”, una alteración de las conexiones entre las células sensoriales de la cóclea y las fibras del nervio auditivo que puede dificultar la comprensión del habla con ruido incluso en personas cuyo audiograma no muestra una pérdida auditiva convencional.

La SEORL-CCC recomienda consultar cuando aparecen señales, como pedir reiteradamente que se repitan las palabras, aumentar el volumen de la televisión, perder partes de las conversaciones o tener cada vez mayores dificultades para comprender en restaurantes, reuniones u otros lugares con ruido.

Un doctor examina el oído de una paciente en un hospital universitario de California/EFE/IVAN MEJIA

3. Los audífonos no funcionan

Los audífonos no restituyen una audición idéntica a la de una persona sin pérdida auditiva ni proporcionan los mismos resultados en todos los pacientes. Pero de ahí no puede concluirse que no funcionen.

Una indicación adecuada, una correcta adaptación y el seguimiento posterior permiten mejorar la audición funcional y la comunicación de muchas personas con hipoacusia.

Según la SEORL-CCC, la valoración especializada permite conocer el tipo y grado de hipoacusia y establecer cuál es la alternativa más adecuada, que puede incluir tratamientos médicos o quirúrgicos, audífonos o implantes auditivos.

Y destacan las barreras económicas para acceder al tratamiento, por lo que reclaman un acceso más equitativo a los audífonos.

En la actualidad existen diferencias entre comunidades autónomas en las ayudas destinadas a las personas mayores.

4. Creer que la edad condiciona el implante coclear

La edad cronológica no determina por sí sola que una persona pueda o no beneficiarse de un implante coclear.

Cuando la pérdida auditiva es suficientemente importante y los audífonos correctamente adaptados no proporcionan una audición útil, el implante puede constituir una opción también en pacientes de edad avanzada, siempre después de una valoración individualizada.

La SEORL-CCC llama la atención sobre la baja utilización del implante coclear entre las personas mayores y sobre las desigualdades existentes entre comunidades autónomas en indicaciones y tiempos de acceso.

El sistema sanitario financia el implante coclear, pero la sociedad médica considera necesario mejorar la información y garantizar que cualquier paciente que pueda beneficiarse sea valorado con independencia de su edad.

5. “Si oigo menos, me distraigo menos”

Escuchar peor no libera necesariamente recursos de atención. Puede ocurrir lo contrario.

Cuando la señal auditiva llega deteriorada, el cerebro necesita realizar un mayor esfuerzo para descifrar sonidos, completar palabras y comprender conversaciones, lo que se conoce como aumento de la carga cognitiva.

Una investigación desarrollada por especialistas españoles y presentada en el 76º Congreso Nacional de la SEORL-CCC, con 714 adultos mayores de 55 años, observó que cuanto peor era la audición, peores eran las puntuaciones obtenidas en las pruebas cognitivas.

El mismo estudio encontró una asociación con el equilibrio: los pacientes con pérdida auditiva no tratada presentaron tres veces más riesgo de inestabilidad postural queaquellos con audición normal.

6. “Para lo que hay que oír, casi mejor no enterarse”

Esta frase cotidiana transmite otra idea equivocada: que oír menos puede incluso proporcionar cierta tranquilidad o tener escasas consecuencias para la vida cotidiana.

La evidencia muestra, por el contrario, que la pérdida auditiva puede dificultar las relaciones personales, reducir la participación en actividades sociales y favorecer el aislamiento y la soledad no deseada, con consecuencias sobre el bienestar y la calidad de vida.

Un estudio español realizado con más de 400 adultos mayores encontró que la pérdida auditiva se asociaba con un 78 % más de riesgo de fragilidad social, entendida como vivir solo, carecer de apoyos o presentar una baja participación en la comunidad.

Diferentes investigaciones internacionales han relacionado asimismo la hipoacusia no tratada con soledad no deseada y depresión.

La pérdida de audición puede generar además un círculo progresivo: cuanto mayor es la dificultad para seguir una conversación, mayor puede ser la tendencia a evitar reuniones, comidas, celebraciones o actividades en las que comunicarse requiere un esfuerzo creciente, concluye la SEORL-CCC.

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