Por Antulio Ficachi
Dicen los que saben —o los que fingen saber mientras cobran la quincena— que la diplomacia de altura se cocina entre café de olla y sonrisas de plástico en Palacio Nacional.
Allá en la capital del país, la plana mayor del empresariado estadounidense y la patronal mexicana se reunieron con la Presidenta Claudia Sheinbaum para jugar a las fuercitas con el T-MEC. José Medina Mora, el mandamás del Consejo Coordinador Empresarial, salió con los ojos brillosos de optimismo, jurando que los gringos están listos para extender el tratado otros 16 años, como noviazgo eterno que se resiste al divorcio.
Por su parte, Altagracia Gómez Sierra, la consejera de cabecera del régimen, asegura que las inversiones fluyen tan libremente que hasta da pena.
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Eso sí, mientras los magnates aplauden el libre mercado, la verdadera música la puso la zarina antidrogas de Estados Unidos, Sara Carter, quien soltó el periodicazo con sabor a ultimátum: si ayudan a los cárteles, no importa si se llama gobernador o despachador de abarrotes, los van a cazar hasta debajo de la cama.
Una advertencia que deja temblando a más de uno en la cuatroté, donde la línea entre el servicio público y la nómina oscura es más delgada que una hostia.
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Cuando en las alturas se reparten abrazos y promesas de fronteras seguras, en el sufrido terruño veracruzano la realidad muerde sin piedad. El Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres de la Universidad Veracruzana nos recuerda que la tragedia no avisa: 19 mujeres desaparecidas en lo que va de 2026 en plena zona serrana e indígena.
Papantla encabeza esta macabra estadística con seis ausencias que duelen e indignan, mientras la burocracia estatal cobra puntualmente la nómina, ocupada en aplaudir discursos oficiales.
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Y si de infiernos se trata, las mazmorras del estado lucen su esplendor gótico. La CNDH reprobó 14 de 18 centros penitenciarios, dejando a Veracruz con un promedio reprobatorio de 5.38.
El penal de Poza Rica brilla por su autogobierno, donde los reos cobran piso y hacen de capataces, mientras Pacho Viejo rebosa de hacinamiento con más de 460 almas amontonadas por encima de su capacidad.
Un sistema donde faltan médicos, sobran custodios corruptos y la reinserción social es un chiste de mal gusto.
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Para rematar el sainete, la política local regala estampas dignas del realismo mágico más ácido. Cora de Jesús Rodríguez, vocera incansable de los padres de niños con cáncer, le lanzó un reto directo a la gobernadora Rocío Nahle: o demuestra con pruebas que ella no es madre de pacientes en la Torre Pediátrica, o que renuncie al cargo por andar esparciendo falsedades y haciendo “shows mediáticos”.
Con un historial de 16 años de lucha contra el desabastecimiento, la activista desnudó la tragicomedia de los hospitales públicos, donde los camiones con insumos milagrosamente aparecen justo antes de las visitas de la siempre amable y agradable señora Nahle, aunque traigan material de risa que no sirve ni para curar un rasguño.
Así las cosas en el puerto y sus alrededores: entre tratados internacionales de diseño y calabozos donde manda el hampa, Veracruz sigue a la deriva, gobernado por la ocurrencia y sostenido por la paciencia milagrosa de sus ciudadanos.
¡Salucita de la buena para el finde!

