Por Antulio Ficachi

Doña Claudia Sheinbaum volvió a desempolvar el gastado evangelio de la regeneración moral. En Nicolás Romero (EDOMEX), al inaugurar otro jacal con ínfulas de claustro universitario —la Rosario Castellanos, para más señas—, la Presidenta dijo que a la delincuencia, al narco y a la marabunta de la corrupción no se les combate con garrote, sino con libros de texto gratuito. ¡Bendita ingeniosa pedagogía!

Entre aplausos de parvulario y porras de consigna, la mandataria sacó el baúl de los recuerdos: rememoró sus glorias de activista juvenil en los patios de la UNAM cuando, allá por los ochenta, impedía que la burocracia académica cobrara cuotas. Y de paso, entre regañina materna y prédica dominical, le asestó un fajazo a la juventud presente: “¡Ya no usen tanto el celular ni la inteligencia artificial para hacer la tarea!”.

La muchedumbre escolar, hipnotizada por la pantalla del smartphone, nomás ahogó un gemido de espanto. Habrá que avisarle a la científica que, sin el artefacto chino y sin el algoritmo gringo, las nuevas generaciones no habrían encontrado el autobús para llegar al evento.

Prometió 400 mil plazas más en las prepas y 250 mil en las aulas superiores; la pregunta del millón es si saldrán de ahí con título universitario o con certificado de resiliencia ante la realidad.

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Allá en el Golfo Pérsico, el sainete diplomático entre Washington y Teherán alza tonos de equivocaciones. El ayatolaje, por vía de Mohsen Rezaei, salió a jurar por la barba del Profeta que la Casa Blanca ya aceptó sus condiciones para apagar la mecha en el estrecho de Ormuz. “Los gringos dijeron que sí a casi todo”, pregonó el jefe iraní, mientras Donald Trump le desmentía el teatrito en redes sociales con un rechazo público, categórico y retumbante.

¿A quién creerle en esta mesa de póquer nuclear? Irán presentó un plan de siete días en la ONU: alto al fuego global en Medio Oriente, desbloqueo naval, perdón al petróleo persa y descongelamiento de sus cuentas bancarias. A cambio, Teherán promete abrir el grifo en Ormuz para que vuelva a fluir el crudo. Trump les gritó un “Inaceptable” que resonó en todo el orbe, pero los diplomáticos persas aseguran que, bajo la mesa, el Tío Sam ya firmó tres de cuatro pagarés.

En lo que son peras o son manzanas, los barcos petroleros siguen jugando al tiro al blanco en las aguas de Omán y la gasolina amenaza con costarle un ojo de la cara al mundo entero.

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A un año del ‘ligero desbordamiento’ y torrencial que azotó el norte veracruzano y que dejó más de treinta muertos entre el barro, la gobernadora Rocío Nahle prefirió conmemorar el trágico aniversario desde una cómoda transmisión en vivo por redes sociales. Nada de ensuciarse las botas en el fango de la Huasteca ni de dar la cara a los deudos. Con tono de heroína de folletín, rememoró el puesto de mando en Poza Rica y repartió aplausos a las Fuerzas Armadas. 

El rimbombante Plan de Reconstrucción de los ríos Cazones y Pantepec, anunciado con bombo y platillo con una bolsa federal de 1,547 millones de pesos, no pasa de ser un plano de plastilina.

Los 2.1 kilómetros de nuevos bordos y los desazolves prometidos son mera fantasía técnica. Los municipios indígenas siguen incomunicados por puentes derribados y caminos de terracería vueltos arroyos. Para colmo, la SEDATU tardó casi un año completo en “ubicar” un par de terrenos en Álamo y Coatzintla para reubicar a las familias que perdieron hasta el perro.

Eso sí, la oficina de Protección Civil presume la actualización del Atlas de Riesgos: un mapa muy bien pintado para que los paisanos sepan exactamente en qué coordenadas van a ahogarse cuando vuelva a tronar la nube.

¡Pa’ showcitos los del segundo piso de la transformación!

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Xalapa se convirtió en una caldera de indignación popular. Al ritmo estruendoso de Gimme Tha Power y con el Himno Nacional entonado a garganta batida, cientos de trabajadores del IMSS, del ISSSTE y del sistema estatal de salud marcharon vestidos de rojo y negro hacia la Plaza Lerdo.

Las mantas no dejaban lugar a la duda: “¡No te vayas a enfermar, no tenemos ni material!”. La rabia de la base médica estalló tras la burla institucional del incremento salarial: un 2.9% directo al sueldo tabular que se traduce en escasos diez pesos diarios adicionales. ¡Para un café de máquina y dos galletas!

Las enfermeras de la Delegación Veracruz Norte —desde la capital hasta el puerto jarocho y la sierra de Martínez— denuncian que tienen que meter la mano a su propio monedero para comprar gasas, alcohol y las tiras reactivas de los pacientes diabéticos. En la clínica del ISSSTE de Xalapa, de cuatro quirófanos solo sirven dos, obligando a suspender intervenciones de urgencia porque no se puede operar a un cristiano encima de otro.

El diagnóstico en la calle es terminal: el sistema de salud no está cerca de Dinamarca, sino rozando la extremaunción.

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Para redondear el tema de la salud pública, la radiografía financiera destapa el gran truco de magia de la administración estatal. Las cifras no mienten: Veracruz ha recibido este año cerca de 4,000 millones de pesos del FASSA y más de 1,000 millones del antiguo Seguro Popular. A eso se le suman los 11,722 millones de pesos presupuestados para SESVER en este 2026 —de acuerdo con un análisis del gasto federalizado y del presupuesto de egresos realizado por Palabras Claras—; es decir, ríos de dinero público fluyen desde la Tesorería de la Federación hacia las arcas locales.

¿Y dónde quedó la bolita? El traspaso desordenado de 894 unidades médicas al famoso esquema IMSS-Bienestar creó una nebulosa donde nadie asume la cuenta del hospital. Pero en los pasillos del Centro de Especialidades Médicas (CEM) de Xalapa o en los nosocomios de Coatzacoalcos, los parientes de los enfermos tienen que salir a vender la televisión o empeñar las joyas familiares para comprar las gasas, los sueros y las medicinas oncológicas que el Estado prometió gratuitas.

La transformación del sector salud es otro fracaso y mentira del régimen obradorista: muchas luces en las conferencias mañaneras, redes sociales, con sus publicistas de cuarta y la farmacia completamente a oscuras.

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