- En México no existe un modelo policial; las policías subsisten precariamente entre el abandono institucional y las agresiones criminales.
- El debilitamiento de las policías es resultado de una cadena de omisiones políticas que se reflejan en recortes presupuestales y una creciente militarización.
- Se ha normalizado un círculo vicioso en el que se las policías se debilitan y esta debilidad se utiliza como pretexto para relegarlas aún más.
Para dar cuenta del estado que guardan las policías en México, Causa en Común elaboró el informe “Las policías en México:consecuencias de un abandono histórico”. A continuación algunos puntos relevantes:
El Consejo Nacional de Seguridad Pública, que debería promover el desarrollo policial, ha reducido su actividad y emite acuerdos frecuentemente irrelevantes en términos de desarrollo, y en ocasiones sin plazos ni mecanismos de cumplimiento. Al mismo tiempo, los recursos destinados a las policías estatales han crecido de manera marginal.
No existe información confiable sobre el estado de las corporaciones. No se conoce con exactitud el número de policías que hay en el país. No existen servicios profesionales de carrera en la mayoría de las corporaciones; y, donde no existen reglas claras de ingreso, permanencia y ascenso, es imposible crear incentivos para crear una auténtica profesionalización policial. Las condiciones laborales son en muchos casos lamentables. Una proporción significativa de policías percibe ingresos por debajo de lo que sugieren estudios oficiales, carece también de seguridad social y enfrenta jornadas laborales extremas. A todo ello se suman injustificables carencias en infraestructura y equipamiento.
Las consecuencias son evidentes. Una criminalidad que actúa en buena medida con impunidad al tiempo que, durante este sexenio, se han registrado, al menos, 137 movilizaciones de policías en demanda de mejores condiciones laborales. Lo más grave es el asesinato, durante el sexenio, de al menos 665 agentes de seguridad pública (Guardia Nacional, militares en funciones de seguridad pública y policías), la mayoría de los cuales se mantienen también en la impunidad.
Sin un cambio radical que permita a las Fuerzas Armadas ocuparse de sus funciones esenciales y coloque a las policías como prioridad de gobierno, no habrá propaganda que pueda ocultar la inseguridad y el abandono institucional que el país padece.







