Un día como hoy, 15 de octubre pero de 2006, la Iglesia Católica marcó un hito histórico para la fe en México y América Latina. En una solemne ceremonia encabezada por el papa Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro, monseñor Rafael Guízar y Valencia fue proclamado oficialmente santo, convirtiéndose en el primer obispo nacido en suelo mexicano en alcanzar la canonización en el Vaticano. La Santa Sede, además, inmortalizó su figura al distinguirlo como el patrono de los obispos latinoamericanos.
El legado del clérigo cobra especial relevancia en el estado de Veracruz, territorio donde ejerció un ministerio pastoral que dejó una huella indeleble marcada por la caridad, la persecución religiosa y la devoción popular.
Un legado sacerdotal forjado en tierras veracruzanas
Nombrado V Obispo de la Diócesis de Veracruz (con sede en Xalapa) en mayo de 1919 por el papa Benedicto XV mientras vivía en el exilio, Guízar y Valencia desembarcó en tierras veracruzanas a principios de 1920. Desde sus primeros momentos, su misión estuvo definida por el auxilio incondicional a la población:
- Respuesta inmediata ante la tragedia (1920): A pocos días de su llegada, un severo terremoto devastó la región de Xalapa y Chiconquiaco. El prelado recorrió a pie las zonas siniestradas, auxilió directamente a las víctimas y gestionó apoyos económicos y materiales para los damnificados.
- Defensa del Seminario Diocesano: Pese al acoso gubernamental y los embates de la Guerra Cristera, dio prioridad absoluta a la formación sacerdotal. Para evitar la clausura de la institución, movilizó el Seminario de manera clandestina a distintas localidades del estado e incluso fuera de Veracruz.
- Pastor itinerante en la clandestinidad: Recorrió de forma incansable los municipios de la entidad, a menudo disfrazado de vendedor ambulante o músico para sortear la persecución y llevar los sacramentos a comunidades rurales e indígenas.
- Muerte e incorrupción: Falleció el 6 de junio de 1938 en la Ciudad de México y sus restos fueron trasladados a la Catedral Metropolitana de Xalapa. En 1950, durante su exhumación, se constató que su cuerpo se mantenía incorrupto, hecho que consolidó el fervor de la grey veracruzana.
De la devoción local a los altares del Vaticano
El camino hacia el reconocimiento universal de su santidad tomó varias décadas de investigación eclesiástica:
- Beatificación: El 29 de enero de 1995, el papa Juan Pablo II lo declaró beato en la Basílica de San Pedro, destacando sus virtudes heroicas y su celo pastoral en tiempos de crisis.
- El milagro para la canonización: La causa dio el paso definitivo tras la validación médica y teológica de un milagro atribuido a su intercesión: la curación inexplicable en el vientre materno de un feto diagnosticado con malformaciones graves, quien nació totalmente sano.
- Canonización (15 de octubre de 2006): El decreto definitivo culminó con la proclamación de su santidad por Benedicto XVI.
A dos décadas de aquel histórico acontecimiento en Roma, San Rafael Guízar y Valencia continúa siendo un pilar identitario y espiritual de la región central de Veracruz, donde miles de peregrinos acuden cada año a su tumba en Xalapa para honrar la memoria del “obispo de los pobres”.







