• Minimizado por considerarse “natural”, el dolor pélvico intenso, que además puede acompañarse por la migraña menstrual, requiere de estudios para detectar los mecanismos biológicos y que puedan conducir a tratamientos, señalan tres autoras en la revista Science

“Las mujeres experimentan trastornos de dolor funcional con una frecuencia aproximadamente dos veces mayor que los hombres, y en algunas afecciones la disparidad es aún más marcada”, señalan tres autoras en la revista Science.

En el número especial sobre salud femenina que publicó Science a principios de este mes, Archana Venkataraman, Élora Midavaine y Holly Ingraham sintetizaron los avances recientes en la comprensión de esa dosis extra de dolor que tienen las mujeres con respecto a los hombres, y que vale la pena retomar en este Día Mundial contra el Dolor. 

Las autoras se centraron en el papel que desempeñan las hormonas sexuales, las interacciones entre el sistema inmunitario y el nervioso, el microbioma intestinal y las vías analgésicas endógenas (las llamadas endorfinas y sus mecanismos de liberación y funcionamiento).

Dolor pélvico y hormonas femeninas

El más conocido de estos dolores persistente, y que por considerarse “natural” está poco explorado aunque puede resultar especialmente debilitante, es el de la región pélvica, donde las fluctuaciones de las hormonas ováricas, que comienzan en la pubertad, parecen ser un factor determinante.

De acuerdo con las autoras, en esta zona los trastornos que involucran el intestino, la vejiga y los órganos reproductivos —como el síndrome del intestino irritable, la endometriosis y la vulvodinia— pueden provocar síntomas impredecibles.

Venkataraman y sus colegas señalan que existe “un creciente corpus de investigación” que está empezando a arrojar luz sobre cómo interactúan las señales hormonales en el cuerpo femenino para generar diferencias entre sexos”,

Sin embargo, añaden que “persisten brechas importantes entre la gran carga que supone el dolor para las mujeres y los esfuerzos científicos destinados a comprenderlo y tratarlo”.

No es un producto de la imaginación

Un ejemplo de la variabilidad y el desconocimiento de los dolores relacionados con las hormonas es la aparición repentina de migrañas menstruales, señalan.

En esta asociación no se han identificado genes que respondan a las hormonas en los nervios y tejidos afectados, para empezar a explicar cómo se desarrolla el dolor crónico. Tampoco se sabe por qué solo algunas mujeres presentan síntomas.

“Las mujeres esperan con urgencia respuestas concretas que ayuden a erradicar la habitual —y errónea— idea de que sus dolencias son ‘sólo producto de su imaginación'”, escribieron las autoras en Science.

Faltan estudios y financiamiento

También esperan que acorte “la larga espera entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico o tratamiento”, y, en última instancia, que se les ofrezcan “estrategias terapéuticas basadas en los mecanismos subyacentes de la enfermedad”.

Sin embargo, los avances en el tratamiento de los trastornos de dolor crónico femenino “sólo llegarán cuando los estudios preclínicos y clínicos permitan establecer marcos explicativos basados en mecanismos biológicos; un objetivo que requerirá un trabajo en equipo coordinado y un financiamiento adecuado”, señalan.

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