Por Antulio Ficachi
Cuando la pirámide se sienta a llorar y los heraldos de la mañanera desafinan el himno de la victoria, no queda más que persignarse. La doctora Claudia Sheinbaum celebró con bombo y platillo el adiós de Guadalupe Taddei Zavala del Instituto Nacional Electoral. “¡Se fue, se fue!”, cantaron en Palacio, como si la renuncia en el INE borrara de un plumazo la colosal hedionda que dejaron en los baños de la democracia.
La sonorense se despidió con un papelito entregado a las 15:00 horas en San Lázaro, directo en las manos del ecologista Raúl Bolaños. Nada de dar la cara: un oficio escueto diciendo “me retiro con serenidad”.
¡Vaya serenidad! Sale por la puerta de atrás acosada por anomalías operativas, facturas simuladas, contrataciones chuecas y tufo a lavado de dinero.
Ah, pero allá en San Lázaro ya alistan las estampitas para el milagro. Nos prometen un Comité Técnico de Evaluación de cinco sabios —tres de la Jucopo y dos de la CNDH— para armar la quinteta sagrada. Y si la mayoría calificada no sale en el Pleno, tranquilos todos: el destino patrio se resolverá en el billete de la lotería, vía tómbola en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
¡Dios nos agarre confesados si la suerte institucional depende de la insaculación de una balota!
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Y hablando de bichos raros y platillos voladores, la renuncia de Taddei no fue obra del espíritu santo, sino un sainete de vecindad. Como diría el agudo periodista Salvador García Soto, a la exmandamás se le clausuró el paraíso cuando a su mecenas y proveedor consentido, José Alfredo Hernández, le cerraron la llave presupuestal.
Pero no nos hagamos pentontos mirando al cielo buscando marcianos. El verdadero titiritero de esta comedia de equivocaciones se llama Sergio Gutiérrez Luna. El diputado jarocho, con su permanente fijación por la galaxia y sus frustradas ansias de despachar en el Palacio del Mármol de Xalapa, fue el artífice de la maniobra en el Senado para maniatar al Consejo General del INE.
Le dio un cheque en blanco a Taddei para convertir el arbitraje en abrevadero de complicidades, residencias en el Pedregal y jugosos contratos entre cuates. Hoy, la criatura se le desarmó en las manos y dejó un agujero negro en el erario.
Pedirle cuentas o tantita vergüenza a “Guti Luna” es como pedirle la credencial del INE a un extraterrestre.
Habrá que ver si dicen esta boca es mía sus aplaudidores y corifeos jarochos, los mismos que iban a deshacerse en lisonjas a San Lázaro cuando a más de un despistado se le ocurrió la jalada de perfilarlo para la gubernatura.
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De Xalapa para el mundo: la exportación de pichones. Resulta que la rocambolesca historia del INE tiene un marcado acento veracruzano. Ahí tienen a Enma Patricia García Rodríguez, quien hasta febrero de 2025 cobraba como contralora en la Secretaría de Salud de Veracruz (SESVER). Salió de la entidad en medio de un cochinero de 219 millones de pesos observados por la ASF en el FASSA y más de 481 millones en desfalcos detectados en auditorías forenses a la gestión cuitlahuista. Y con la carpeta FGE/FECCEV/80/2025 pisándole los talones por peculado y enriquecimiento ilícito, ¿dónde creen que fue a rebotar? ¡En la Dirección de Recursos Financieros del INE!
Ahí, la veracruzana “desquitó el sueldo” firmando licitaciones —como la LP-INE-020/2025 para auditorías externas— y paseando en las tertulias del “Club Taddei” con el mismísimo contratista investigado por la UIF, José Alfredo Hernández.
Claro, cuando el agua le llegó al cuello, Enma Patricia corrió al Órgano Interno de Control a denunciar “inconsistencias” del proveedor que ella misma firmó. Para agosto de 2026, la dama ya había dejado la silla a Osvaldo Antonio Acuña. De SESVER al INE y de ahí al limbo del sospechosismo impune, tal y como lo hizo en la Contraloría General durante el sexenio de Javier Duarte.
En Veracruz no creamos valor, ¡pero qué bien exportamos amparados!
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Cuando las carreteras del país se cerraban por el paro nacional de transportistas enfurecidos por los asaltos y la extorsión, en el Palacio del Mármol de Xalapa se aplicó la docta máxima del “ahí se lo encargan”.
La gobernadora Rocío Nahle prefirió lavarse las manos y endosarle el chicharrón al secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil. “Que Ahued atienda”, dijo fresca la mandataria, asegurando que en su administración la vigilancia “se ha triplicado”.
Como prueba reina de la seguridad interestatal, la ingeniera presumió la milagrosa recuperación de tres camiones asaltados en las cumbres de Maltrata y anunció la firma de un convenio con Tlaxcala que se suma a los ya firmados con Puebla y Oaxaca.
Fantástico: mientras los tráileres se amontonan en la colonia 21 de Marzo y el bulevar Xalapa-Banderilla está colapsado, el Gobierno responde con papelería diplomática y presume que la matrícula de bachillerato subió un 20 por ciento.
Al chofer asaltado en la pista a Veracruz poco le importa la cobertura escolar cuando lo encañonan en la raya limítrofe.
Nahle, Nahle, Nahle: perdió el tino, tropezó con la soberbia y terminó por extraviar el camino.
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No todo es desastre en el edén jarocho. La presión de Sindicalismo Veracruzano doblegó la inflexibilidad burocrática de la SEFIPLAN. El grupo de 32 organizaciones magisteriales y 28 sindicatos se anotó un triunfo real al lograr la suspensión del célebre “sueldo regulador”, ese promedio ponderado con el que el IPE venía rasurándole las pensiones a los trabajadores a punto de retiro.
Las negociaciones encabezadas por José Antonio Bretón Betanzos, operador del titular de Finanzas Miguel Santiago Reyes Hernández, permitieron reabrir los expedientes de 2024 a la fecha para que las jubilaciones se tasen conforme al último salario de cotización y respetando las promociones escalafonarias.
Un respiro ganado a pulso en la mesa de diálogo, donde la política al fin sirvió para remendar entuertos y no para fabricarlos.

