Por Antulio Ficachi
Vaya acierto el del diputado Javier Herrera Borunda desde la Presidencia de la Comisión de Vigilancia del Congreso Federal. Con visión certera y sin miramientos, el legislador pevemista le puso el cascabel al gato al señalar con nombres y apellidos los viejos oligopolios que, durante más de dos décadas han encarecido de manera irreal los materiales electorales.
Con impecable temple institucional, Herrera Borunda no se quedó en la mera denuncia de banqueta: impulsó investigaciones de mercado de calado profundo y estrenó sin empacho las facultades de auditoría forense para fiscalizar tanto a autoridades como a proveedores privados.
Un paso firme, valiente y necesario para cortar de raíz los sobreprecios estratosféricos y garantizar que cada peso del presupuesto público se maneje con auténtica disciplina.
De la mano del titular de la ASF, Aureliano Hernández Palacios Cardel, Herrera demuestra que sí es posible construir un México sin corrupción ni componendas de pasillo.
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Quien salió al ruedo a dar lección de entereza e integridad fue el expresidente del INE, Lorenzo Córdova Vianello. Ante las embestidas que buscan demeritar su gestión, Córdova puso sobre la mesa datos duros e irrefutables: durante su mandato de casi un decenio, el órgano electoral no sólo se consolidó como una de las instituciones más auditadas del país, sino que cerró el ejercicio 2022 con expediente impecable ante la ASF, libre de cualquier observación.
Con la serenidad que da el haber actuado siempre con apego irrestricto a la norma y bajo el microscopio de todas las fuerzas políticas, el exconsejero presidente dejó constancia de que la transparencia no fue en su administración un simple lema de discurso, sino una conducta invariable.
“El que nada debe, nada teme”, sostuvo con la frente en alto y la solvencia moral intacta.
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Cruzando el Río Bravo, la paranoia republicana anda desatada y trae entre ceja y ceja la marca de la Cuarta Transformación. El America First Policy Institute —ese conocido nido de halcones excolaboradores de Donald Trump— lanzó un dardo cargado de veneno al solicitar formalmente que se aplique la Ley de Registro de Agentes Extranjeros a Morena, con el objetivo de fiscalizar hasta el último dólar que mueven en la red consular mexicana.
Citan reportajes y encuentros de operadores políticos con cónsules en suelo estadounidense para advertir que el activismo guinda rebasó ya los límites de la diplomacia. Las autoras del memorando exigen tolerancia cero al proselitismo de exportación.
Habrá que ver si en el oficialismo le bajan dos rayitas a su evangelización migrante o si se arriesgan a que el Tío Sam les aplique un severo torniquete financiero.
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Donde la justicia tardó pero asestó un impecable mazazo de arriero fue en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El Pleno del alto tribunal le metió un golazo de media cancha a la herencia del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez al declarar la invalidez total de la Ley 841 de Comunicación Social.
La Corte concluyó que en el Congreso local andaban desubicados e incurrieron en una clara invasión de competencias al legislar sobre propaganda gubernamental, materia reservada en exclusiva al Congreso de la Unión.
La resolución tumbó de un plumazo el Padrón Estatal de Medios y dejó sin sustento los lineamientos y tijeretazos con que la Coordinación de Comunicación Social repartía el gasto público.
Una raya más al tigre para la fábrica de pifias que caracterizó al sexenio del incompetente Cuitláhuac.
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En las altas montañas de Coatepec y Huatusco, el aroma del café huele más a miseria que a tostado fino. Y es que la cotización en la Bolsa de Nueva York registra alzas históricas pero a los cafeticultores veracruzanos les liquidan una miseria de entre 8 y 12 pesos por kilogramo de grano cereza, cuando los cálculos reales del mercado dan para pagarles al menos 17 pesos.
Fernando Celis y la Comisión de Seguimiento alzaron la voz para denunciar que las comercializadoras y trasnacionales aplican descuentos leoninos de hasta 100 dólares por quintal. Por si fuera poco, el mercado interno padece una competencia desleal con la importación masiva de grano Robusta de baja calidad —proveniente en gran medida de Brasil— para la industria del soluble corriente.
Si las autoridades responsables no le ponen un alto al coyotaje de cuello blanco, la bonanza internacional del aromático sólo servirá para engordar las arcas de tres o cuatro corporativos, mientras en la sierra el campesino sigue viviendo a pan y agua.

