Por Antulio Ficachi

Mucho se dirá, con frases de terciopelo y nostalgia de sepelio ilustrado, sobre la partida del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a sus 92 años. Los panegíricos abundan: que el líder moral, que el estratega de la transición, que el prócer del 88.

Pero hasta para morirse hay que tener timing en la política mexicana. Cárdenas no sólo se llevó consigo la estirpe de don Lázaro; se llevó el último soplo de aquella izquierda que calculaba con escuadra y cartabón, técnica y diplomacia, antes de que el movimiento derivara en el espectáculo tropicalizado de hoy.

En el 88 le tiraron el sistema; en el 97 conquistó el DF como primer Jefe de Gobierno electo; en el 2000 pavimentó la alternancia sin quemar el país, y en el 2014 mandó a su propio partido, el PRD, directito al carajo cuando olió la pudrición. 

Se fue con la frente en alto, dejando a más de un “camarada” de la actual fauna oficialista con la vergüenza de no poder sostenerle la mirada ni en el ataúd. 

Descanse en paz el Ingeniero.

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Y mientras acá despedimos la historia, Enrique Krauze armó la plaidera en Madrid durante las bodas de plata de Letras Libres, decretando que México vive “el momento más oscuro y peligroso” de su historia porque el orden republicano cayó abatido.

Entre citas a Octavio Paz y nostalgias de la revista Vuelta, Krauze se lamentó de la soledad del liberal latinoamericano, al tiempo que Fernando Savater confesaba, con descaro de genio, que una vez le inventó una entrevista al mismísimo Nobel mexicano porque olvidó grabar la cinta… ¡y a Paz le encantó!

Lástima que, mientras intelectuales y académicos ajustaban cuentas con la memoria desde el Conde Duque, en las vías de Toledo chocaba un tren con saldo trágico y en la economía global el peso mexicano se pegaba un resbalón a 18.75 por dólar tras los datos del PIB y la inflación en EU 

Ya lo ven: ni las luces de Madrid salvan a nadie de la dura y fría realidad.

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Mire usted lo que son las cosas en el solar veracruzano. Mientras en los discursos de banqueta se llena la boca de sobriedad y convicción democrática, en las entrañas del Organismo Público Local Electoral (OPLE) las facturas ruedan con una fluidez pasmosa. De acuerdo con los archivos de la Transparencia, entre el 2018 y el año que corre, la modesta suma de 454 millones de pesos ha ido a parar a las arcas de apenas dos firmas consentidas: Litho Formas y Cajas Graf.

Llama poderosamente la atención el olfato comercial y la longevidad administrativa de los gestores. En los tiempos de Hugo Enrique Castro Bernabé como secretario ejecutivo, las adjudicaciones fluyeron para ambas imprentas. 

Cambió la plantilla, llegó Luis Fernando Reyes Rocha -impoluto “funcionario y académico” y señor del “yo, yo, yo”- a la misma silla, y la bendición contractual para Litho Formas no sólo se mantuvo, sino que se catapultó en este 2025 con jugosos contratos que superan los 280 millones de pesos, incluyendo la papeleta para la comentada elección de personas juzgadoras.

Curioso destino del dinero público: en un ecosistema nacional donde la fiscalización posa la lupa sobre redes de proveedores consentidos y probables conflictos de interés en la confección del material comicial, el OPLE Veracruz sigue alimentando con entusiasmo la misma caja registradora. 

¿Será simple casualidad operativa o la constatación de que la democracia veracruzana es, antes que todo, un próspero negocio de imprenta?

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En las alturas del INE central se les desplomó la pasarela para elegir a la nueva consejería del OPLE Veracruz.

Ninguno de los dos finalistas —Claudia Iveth Meza Ripoll y César Luciano Hernández Quezada— logró convencer al Consejo General. Los votos en contra cayeron como granizo en la sesión tras un “minuto de silencio” provocado por Emilio Álvarez Icaza.

El representante del partido Somos México le metió ruido al chicharrón acusando a la mismísima Guadalupe Taddei de meter mano en las calificaciones y beneficiar a sus cuates en redes de complicidad. Resultado: proceso declarado desierto, ridículo consumado y a lanzar una nueva convocatoria exclusiva antes de que concluya el encargo de la consejera María de Lourdes Fernández.

Si el proceso no se resuelve antes del 22 de enero, tendrán que poner un “consejero parche” o un interino de utilería para que el OPLE no quede volando. 

¡Qué chulada de democracia de aparador nos gastamos!

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