Dibujando en tres pasos un baile de varios cientos de años, La Biblioteca Nacional de España (BNE) recupera el mundo del cómic en la exposición “¡Beatos, Mecachis y Percebes!”, que podrá verse hasta el próximo día 13 de enero.

La muestra empieza con los Beatos, antepasados lejanos que iluminaron manuscritos o contaban historias en tiras de vendaje de momia.

Luego siguen los Mecachis, ya más cercanos, olvidados bisabuelos que vivieron la entrada del siglo XX desde sus ilustraciones para prensa periódica y cierra con la popular familia de la Rue del Percebe.

Con esta exposición, la BNE vuelve su mirada una vez más hacia el campo del cómic, ese tipo de publicación gráfica que en España se reivindica llamándola tebeo.

En esta ocasión con una pequeña-gran panorámica, que es en realidad un juego de relectura, una mirada ligera y sin prejuicios que, con cierta irreverencia, convierte en tebeos miles de años de historia.

Manuscritos medievales, incunables xilográficos, libros calcográficos, prensa decimonónica fueron seleccionados con esta particular mirada a partir del amplio Patrimonio Bibliográfico Español conservado en la BNE, disponible de manera creciente en la Biblioteca Digital Hispánica.

Tiene además el aporte de instituciones vecinas como el Museo ABC y el Museo Arqueológico Nacional.

Remontarse hasta los orígenes de la humanidad para buscar tebeos no es una idea nueva, de hecho en esta muestra se reivindica lo que fuera una intención frustrada en la que se conoce como la primera exposición institucional en torno al cómic: “Bande dessinée et figuration narrative”.

Esta tuvo lugar en 1967 en el ala del palacio del Louvre que ocupa el Museo de Artes Decorativas.

Esta selección tiene también un fuerte componente arquitectónico, condicionado por la mirada de su responsable y guiada por la convicción de que las construcciones que se dibujan para contar historias son las mismas que se “dibujan” para vivir.

Se convierte así la sala en una heterotopía, entendida como lugar de lugares, un espacio real donde se yuxtaponen espacios y relatos, que van desde una tumba egipcia a un peculiar edificio marcado con el número 13.

“Beatos, mecachis y percebes”, una familia inventada que se remonta a los orígenes de la humanidad, tres nombres sonoros en la tradición más pura del tebeo, tres personajes para un recorrido gráfico que muestra una manera de contar que siempre ha existido nos y de paso enseñan que la BNE siempre ha sido una casa del tebeo.

El primer paso del recorrido se construye en torno a un halo de misterio que abarca miles de años.

Los Beatos, decenas de códices manuscritos copias del Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana, aquí pasan a denominar todo un pasado lejano, apenas recuperado de la pérdida en el tiempo.

Estos beatos, antepasados sin rostro, no solo viven más cerca del mito y la religión, sino que son los últimos que conocieron un mundo sin fotografía, y esto es importante, ya que después de la presentación del invento de Daguerre en 1839, la visión nunca sería la misma.

Se narra a través de imágenes y estructuras gráficas que beben directamente del entorno construido y con ellos se asiste al nacimiento del libro, la progresiva democratización de palabra e imagen y la pugna entre ellas para contar historias.

Los mecachis, en honor al brillante dibujante Eduardo Sáenz Hermúa, que vivió tras ese apodo, son aquellos antepasados que no se conocen ahora en persona, pero que ya vivieron el principio de nuestro mundo: la democratización de la imagen, la llegada de los medios de masas, el inicio del cómic en su concepción contemporánea, la aparición de la fotografía y el nacimiento de la imagen técnica.

Finalmente, los percebes, un homenaje directo a Francisco Ibáñez y el edificio que se convirtió en retrato de varias generaciones: 13, Rue del Percebe.

Ellos sirven para hablar de la familia más cercana, en un concepto de generación amplio que incluye a abuelos, padres y nietos, a aquellas personas con las que se puede convivir aunque sea brevemente.

Abarca así el siglo XX hasta la actualidad y se convierten en una amplia acepción de lo contemporáneo.

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