Juana Elizabeth Castro López

Desde aquel día en que Adán y Eva se dejaron convencer por el discurso tramposo e hipócrita del enemigo; que, a la manera de un medio de comunicación tendencioso, tergiversó la Verdad poniendo en boca de Dios palabras que Él nunca dijo. Desde entonces, la mentalidad homicida de este adversario, su desobediencia y soberbia, su habilidad para engañar, mentir, matar, robar y destruir se estableció para normar la forma en que se cree y actúa en el mundo, creando injusticia y desigualdad. 

Ante esto, Jesús vino a enseñar la Verdad, a exponerla ante todo aquel que quiera verla. En el interrogatorio de Pilatos, Jesús dijo: “Yo para esto nací, y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz” (Juan).

El discurso mentiroso del enemigo provoca la rebelión contra Dios, es decir, el pecado. Por esto, Jesús, primero señala la verdad que ha sufrido tergiversaciones. Y, luego, establece la Verdad. Por ejemplo, él dice:“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo).  De esta manera, Jesús enseña la Verdad que libra de caer en rebelión. 

La mente que ha estado inmersa en la mentira requiere quebrantar la inercia del pensamiento mundano, para recibir la Verdad. Por esto, las Escrituras dicen: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos). 

La mente, dominada por el discurso del enemigo, no puede conocer “…la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Necesitamos sumergirnos en la mente de Dios, como dice el apóstol Pablo: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1Corintios). Tener la mente de Cristo es estar inmerso en la forma de pensar y  actuar de Dios; es estar libre de rebeliones.

Jesús vino a revelarnos la Verdad, sin embargo, encontró cerrazón. Por eso,  él dice: “Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis” (Juan). Porque, la mentira provoca ceguera espiritual, que impide ver la Verdad.

No obstante, Jesús vino a devolver la vista a los ciegos. Estos recibían la vista física y la espiritual, pues, glorificaban a Dios y seguían a Jesús. Por esto, el que cree en Jesús, “…no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan). Se auto condena, entre otras cosas, a vivir ciego.  

Al que abraza la Verdad, Jesús le dice: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.  El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan). Cuando la forma en que creemos y actuamos emana de la Verdad, vivimos en comunión con Dios. 

En conclusión. La Verdad es Dios, su buena voluntad, agradable y perfecta. Pero,  cómo conocerlo si “A Dios nadie le vio jamás…”. Pues bien, “…el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan). Por tanto, Jesús es la Verdad que nos hace libres de todo engaño. Recibir la mente de Cristo nos libera de la inercia de la mentalidad mundana. 

Jesús, es la Palabra viva que Dios prometió dar a nuestra mente y escribirla en nuestro corazón (Jeremías). Y, “el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre”, dice Jesús, “…él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan). Haciendo efectivo el vigor de la vida en comunión con Dios. 

juanaeli.castrol2@gmail.com

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