Macondo ha dejado de ser solamente un lugar imaginario. Durante unas semanas, el pueblo de Gabriel García Márquez ha echado raíces en Madrid, entre música, literatura, gastronomía, arte y más de medio millón de espectadores. ¿Cuántas personas han paseado sus mentes por Macondo leyendo Cien años de soledad, la inmortal novela de García Márquez? Millones, sin duda, porque el territorio literario del Nobel colombiano es uno de los más reconocibles de nuestra lengua. Ahora ese territorio ha renacido y vibra en España: el Iberdrola Music, en Villaverde, se ha transformado en Macondo Park con motivo de la residencia que Shakira está ofreciendo en Madrid.

Los 150.000 metros cuadrados del recinto se han convertido en una ciudad efímera con pabellones dedicados a la música, la gastronomía, la moda, el arte, el cine y la literatura. Una prolongación del espectáculo que sucede dentro del Estadio Shakira y que convierte cada jornada en algo más que un concierto. La residencia, integrada en la gira Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, comenzó el 18 de septiembre y, tras la incorporación de una nueva fecha, concluirá el 12 de octubre con trece conciertos.

Que el nombre elegido sea Macondo tampoco es casualidad. Entre Shakira y Gabriel García Márquez existió una amistad que comenzó cuando la cantante apenas había cumplido los veinte años y empezaba a conquistar América Latina. En 1999, Gabo, entonces director de la revista Cambio, escribió sobre ella después de conocerla y entrevistarla para la publicación. García Márquez quedó fascinado por aquella joven artista de Barranquilla, a la que describió como una voz y una presencia singulares dentro de la música latinoamericana. A partir de aquel encuentro nació una relación de admiración y afecto que ambos mantuvieron durante años.

La conexión entre ambos tuvo también una dimensión artística. Cuando se preparaba la adaptación cinematográfica de El amor en los tiempos del cólera, Shakira recibió una propuesta para participar en la película. Finalmente no aceptó el papel, pero sí compuso tres canciones para la banda sonora, entre ellas «Hay amores», una decisión que quedó como uno de los frutos más visibles de aquella relación entre dos de los colombianos más universales de su tiempo. García Márquez y Shakira representaban, desde territorios distintos, dos maneras de proyectar Colombia y Latinoamérica hacia el mundo.

Por eso Macondo Park funciona como algo más que el nombre de un recinto. Es un guiño a Gabo, pero también una declaración de principios de Shakira: convertir durante unas semanas un espacio de Madrid en una celebración de la cultura latinoamericana. La arquitectura, diseñada para desaparecer después de la residencia, reproduce esa condición de ciudad fantástica y pasajera: escenarios, pabellones, restaurantes, exposiciones, propuestas artísticas y espacios para encontrarse alrededor de una misma identidad cultural.

Hay algo profundamente macondiano en todo ello. El lugar que García Márquez inventó para contar la historia de los Buendía existe ahora, de manera provisional, en el sur de Madrid. Y quien lo ha hecho posible es precisamente aquella joven cantante colombiana a la que el escritor conoció cuando todavía estaba construyendo su leyenda. Gabo convirtió Macondo en uno de los lugares más reales de la literatura; Shakira ha conseguido, por unos días, que podamos caminar por él. Quizá esa sea la mejor manera de celebrar una amistad que empezó hace casi tres décadas: haciendo que la literatura vuelva a convertirse, aunque sea por un instante, en un lugar al que se puede llegar.

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