Por Omar Piña
[Talento y disciplina de Jonh H. Coatsworth]
Fue una rigurosa sequía la que provocó un revés a la producción agrícola mexicana en los últimos años del Porfiriato. De 1907 y hasta el inicio de la revolución se perdieron cosechas en todo el país. “Los precios de los alimentos básicos ascendieron dramáticamente… El descenso de la producción de alimentos debe considerarse sin duda como una de las causas de la revolución mexicana… [pero] no nos encontramos con una población enloquecida por el hambre” (Coatsworth, 1976:185). El polvorín revolucionario tenía otros explosivos derivados de causas sociales, económicas y políticas.
Pero en los primeros quince años de la dictadura porfiriana, los indicadores de consumo doméstico de los productos agrícolas muestran que hubo estabilidad. Así, maíz, frijol, chile, papa, arroz, cebada y trigo constituyeron los alimentos básicos tradicionales de la dieta mexicana en el último tercio del siglo XIX. Para 1877, México tenía unos 9.6 millones de habitantes y por cálculos estadísticos se deduce que cada persona consumió 144 kilos de maíz, unos 10 kilos de frijol y .36 kilos de chile. Las bebidas con mayor demanda fueron el mezcal, tequila y pulque.
Las cifras permiten asegurar la omnipresencia de las tortillas y los frijoles en el campo y las ciudades. Pero hay variantes. De esos 9.6 millones de habitantes, poco menos de 900 mil estaban distribuidos en las diez ciudades más grandes de la república y se les descarta como productores agrícolas. El núcleo más poblado era la capital mexicana, con unos 225, 000 habitantes y en el décimo puesto Monterrey, que tenía unos 40, 000. La población rural estaba compuesta por 8.8 millones de personas, distribuidas en pequeñas ciudades, pueblos, haciendas y rancherías.
Si la base alimentaria fue el maíz, su cultivo no se verificó en todo el territorio. Los mayores productores fueron Guanajuato, Puebla y Tlaxcala y de allí se exportaba a otras zonas donde no se sembraba o bien no se realizaban labores agrícolas. El desabasto no era una piedra en el zapato. Incluso, una de las tesis del historiador John Coatsworth fue indagar en series económicas si el cultivo del maíz había decrecido durante el porfiriato. Lo que se encontró fue que algunas publicaciones históricas manejaron datos erróneos y sesgaron las cifras. Quizá a la vuelta del siglo los terratenientes buscaban cultivos más comerciales y se sistematizaron productos como el algodón, la caña de azúcar, el tabaco, el café y el henequén.
Pero tortillas y frijoles estaban presentes en las mesas, en algunas con abundancia y en otras, con carencia.
Para mascar a fondo:
Coatsworth, John H., “Anotaciones sobre la producción de alimentos durante el porfiriato”, en Historia Mexicana, 26:2 (oct. 1976), pp. 167-187.







