“El arrullo materno es el primer poema”: Maliyel Beverido

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  • “La poesía es la vida pública de las emociones”
  • “A los que empiezan a escribir poesía, que huyan de todo aquel que les diga “escribes bonito” 
  • “No creo que la inclusión se limite a expresiones como todos y todas”
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Maliyel Beverido Duhalt nació en Xalapa, la capital del estado de Veracruz, en México.
Miembro de una familia relacionada con el arte y la cultura, ganó el segundo lugar del Premio Nacional de Poesía Jóven “Elías Nandino” de Guadalajara. Accedió a la entrevista de Palabras Claras para hablar, un poco de la poesía, su poesía, la relación entre la música y la poesía y sobre la perdida de valores en la sociedad, entre otros temas.

Beverido busca el por qué nos maravilla la palabra o porqué queremos que tenga significado. Comenta que ve un México “negro”, un Veracruz con “Sed” y a la pregunta sobre los valores, contestó ¿dónde?

Con estudios de letras y lingüísticas en la Universidad de París, Maliyel Beverido cuenta con obras tales como: Las cualidades de la noche, El origen de la niebla, Otro viaje a Ítaca y Cientos de veces, entre otras. Hoy tenemos la oportunidad de conocer y disfrutar de otra faceta de su pensamiento comenzado con el siguiente poema.

Barrio

Toda capital tiene una calle

que se llama Maravillas,

una cerrada del Progreso,

un callejón de los Milagros.

Todas las villas son ignotas,

pobladas de hombres contrahechos

que nadie mira,

y basura en las esquinas.

Toda ciudad guarda un tufo de hoguera.

La quemazón de naves o carretas

se queda en su piedra.

Todos los suburbios tienen un baldío

a donde van a dar los niños viejos,

los trastos en desuso y los críos desterrados.

Todas las urbes son aldeas

donde las prosperan las casas y la gente se derrumba.

De tus poetas favoritos en lengua española, ¿cuáles son los primeros que te llaman?

Rubén Bonifaz, César Vallejo y Miguel Hernández; pero mira, es difícil restringirse a tres, aunque seguro esos intervinieron en mi descubrimiento de la poesía durante la adolescencia. Regreso a ellos con regularidad.

Pero cuando estás fuera de la poesía, ¿cuáles son tus lecturas favoritas?

Leo de todo. Bueno no, en realidad los anuarios fiscales y las actualizaciones contables no me cautivan particularmente. Pero lo que quiero decir es que admito que la poesía no representa la mayoría de mis lecturas. Depende del momento emocional e intelectual en el que me encuentre. Podría decir que en general me atrae más la ficción narrativa, pero ha habido épocas en las que me sumerjo en ensayos sobre arte y filosofía, épocas en las que me lanzo sobre novelas históricas, épocas de pura poesía amorosa, e incluso, hubo una temporada en que leía asidua y casi fervorosamente los diccionarios. A últimas fechas, para despejarme del agobio del trabajo, leo novela policiaca, es de lo más entretenido. Me gustan los nuevos autores escandinavos, pero no abandono la vieja guardia detectivesca británica.

Vemos que hay diversidad en tu mundo literario, sin embargo, ¿cuál sería para ti la relación entre la música y la poesía?

Por supuesto. La poesía es fondo y forma. El poema se apoya tanto en la musicalidad del lenguaje como en su sentido. Y aunque no creo que todo poema es canción ni toda canción es poema, sí creo que muchos hemos tenido un primer contacto con la poesía a través de coplas y tonadillas escuchadas en la infancia. Creo que el arrullo materno es el primer poema.

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Bueno, y a todo esto, ¿Qué tipo de música escuchas?

Me imagino que te refieres a escuchar por voluntad propia, porque vivimos en un país eminentemente ruidoso, donde abunda en las calles música que no hemos elegido. La contaminación sonora me parece un grave problema en nuestras ciudades.

La música que yo elijo para escuchar también depende de mi estado emocional y de otros factores. Puedo ir de la canción popular a la música clásica, del pop a la ópera. De niña, cuando viajaba en coche con mis hermanas, era usual que fuéramos cantando. Es algo que yo repetí en los viajes con mi hijo. Ahora en el coche, tengo sintonizada siempre Radio UV, porque me conviene su propuesta ecléctica. Cuando visito otro país me interesa conocer su música tradicional y también lo que esté de moda en el momento. De mi estancia en Francia, me quedó el gusto por la canción francesa, pero también por la música de África negra y magrebí. En cuanto a la clásica, creo que mis favoritos son los rusos: Tchaikovski, Prokofiev y Stravinski. Me parece que son muy vigorosos y muy narrativos. Uno puede imaginar (en el sentido de recrearse imágenes en la mente) historias oyendo su música.

Oigo música para celebrar o para lamentar. La música me puede acompañar en casi cualquier actividad, salvo en la escritura. Algo que no hago nunca es poner música para escribir. Si escucho música dejo de oír mis palabras. Puedo quizá poner música para releer algo, pero no para escribir.

¿Cómo definirías a la poesía?

Suelo decir que la poesía es la vida pública de las emociones. Por supuesto las emociones pueden manifestarse a través de las diversas artes o de otras actividades, pero la poesía para mi es o debe patentemente ser una exteriorización de las emociones.

El mundo de las emociones descansa en cada persona de forma diversa, para ti ¿la poesía tiene una función social?

Por supuesto. Desde el momento en que es una actividad o un hecho exclusivamente humano, tiene una función social. Ahora, de ahí a decir que el poeta es “la voz del pueblo”, pues hay que matizar. Hay quienes buscan desesperadamente serlo y otros que llegan porque su voz interior es poderosa aunque no se lo propongan. Por una parte no creo que en general la poesía deba tener una intención social, proselitista o panfletaria. También se da lo “políticamente correcto” en poesía, que equivale a denunciar los hechos de la actualidad. Hay quienes para figurar escriben su poema sobre Ayotzinapa, por ejemplo. Por supuesto que es un acontecimiento que nos afecta, que nos hiere, que nos conmueve, y hay estupendos poemas al respecto. Pero he leído otros francamente malos, oportunistas. Y eso es una lástima. Todos debemos estar informados, pero ¿tenemos todos que escribir sobre Ayotzinapa? Entonces por qué no sobre Siria o sobre Kenia. Habrá poemas que revelan y evidencian lo que llamamos cuestiones sociales y son buenos, verdadera poesía, pero ello reside en su composición y su esencia, no en el tema. A mí me preocupa particularmente el deshielo de los glaciares, y eso todavía no lo he reflejado en un poema. Tal vez más adelante encuentre las palabras para ello.

Maliyel, ¿Cuál consideras tu obra más lograda?

Esto es como la lista de “tus diez libros favoritos”, que cambia con el tiempo. Vuelvo a esta idea de que las respuestas dependen de un estado emocional. A veces cuando termino un poema me siento muy satisfecha, creo que encontré el modo de decir lo que quería decir. Pero puede que lo relea meses más tarde y ya no esté tan convencida. A la inversa, en ocasiones he dejado algo que califico como un apunte inacabado, lo dejo pendiente, y cuando regreso a él me doy cuenta de que ya estaba.

Por citar algunos ejemplos, está el último poema de Sámago, ese que empieza “Nadie sale ileso del poema”, o el “Retrato hablado en una botella”, que es con el que abre Otro viaje a Ítaca. También está “Yo nací para cruzar puentes”, que no se ha publicado aún en ningún libro, pero que se ha difundido de manera oral en algunas lecturas y recitales tanto organizadas por mi como por otras personas.

Y tú, ¿Cuándo empezaste a escribir poesía?

Empecé a garrapatear versitos desde que pude usar el lápiz, pero fue como a los diecisiete años que me lo tomé en serio. Desde entonces alterno periodos de intensa escritura con largas pausas.

Ya nos compartiste que “las respuestas dependen del estado emocional”. Las emociones de la niñez son diferentes a la madurez. ¿Cómo se ha ido transformado tu escritura?

Cuando me releo, me doy cuenta de que hay cambios y de que hay constantes. Ambos me sorprenden. Me gustaría pensar que he logrado desprenderme del temor que puede causar la opinión de los demás.

Si tuvieras que escoger entre la poesía y la prosa, ¿cuál prefieres?

Prefiero no tener que escoger. También el helado de mamey y la mermelada de lima me gustan mucho, cada una en su momento.

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Y para aquellas personas que comienzan a escribir poesía ¿tendrías algún consejo?

Eso de dar consejos es difícil. Yo tuve mucha suerte. Tuve lectores atentos y severos que no se contentaron con decir “escribes bonito”. Lo que le puedo decir a los que empiezan es, primero, que lean mucho, que lean hasta que reconozcan sus gustos como lectores. Luego que escriban mucho, que jueguen con las palabras, que escriban hasta que se diviertan, y que escriban hasta que sufran. Que busquen lectores en su entorno inmediato (los otros ya vendrán después) y, sobre todo, que huyan de todo aquel que les diga “escribes bonito”.

En el 2001 se publicó tu obra intitulada Otro viaje a Ítaca ¿Por qué retornas a Ítaca?

El título hace alusión al poema de Kavafis, que a su vez se refiere al poema homérico de la Odisea. Ítaca es una isla griega en el mar Jónico, pero metaforicamente constituye el lugar del retorno, el motivo de todos los viajes. Yo empecé a escribir los poemas de ese conjunto cuando me fui a Francia, sin saber entonces que me quedaría tanto tiempo. Luego volví a México cuando ya no pensaba que lo haría nunca. Entonces los versos tomaron un valor premonitorio o algo así.

De México, y otros países, ¿cuáles son tus poetas mujeres preferidas (las más significativas)?

Sor Juana, claro, Rosario Castellanos, Elena Garro, Coral Bracho y también Alejandra Pizarnik, Emily Dickinson… recién descubrí a Joumana Haddad. Puedo citar montones y seguro que me quedan muchísimas por descubrir. Pero déjame que puntualice algo: no busco particularmente la literatura escrita por mujeres. Así como no privilegio poesía sobre narrativa, tampoco privilegio letras femeninas sobre masculinas (y viceversa). Y cuando profeso una amistad no prefiero a los que tienen hijos sobre los que no los tienen o los que gustan de los perros sobre los que gustan de los gatos.

¿Qué le quiere decir la poeta Maliyel Beverido a la sociedad, con su poesía?

Mi poesía es intimista. Se puede que hasta egoísta. Lo que yo digo a quien quiera leerlo es cómo me hace sentir el mundo, ciertos lugares, ciertas experiencias. Ahora bien, por muy íntimo y personal que sea el asunto yo creo que encuentra eco, que puede tocar a alguien que yo desconozco pero que en algún punto está conectado conmigo. Me gustaría que a alguien le suceda como a mí cuando leo un poema y pienso “lo pude haber dicho yo” o “me habría gustado decir eso de este modo”. Me reconcilio con la humanidad, aunque se trate de una cuestión dolorosa; me hace sentir menos sola.

¿Qué papel puede jugar la mujer intelectual, ante la pérdida de valores en la sociedad?

No es una responsabilidad de las mujeres únicamente. Para recuperar la humanidad del ser humano se necesita un gran trabajo de conjunto que va más allá de un rol de género o de una preferencia sexual. En ese sentido, no sólo se trata de rescatar valores perdidos, sino de establecer nuevos, como la equidad. Porque en realidad las mujeres han quedado históricamente relegadas debido a valores que francamente no merecen ese nombre. El machismo ha sido largamente considerado como un “valor”, y ahora hay que perderlo.

Ahora, que la mujer en general y la intelectual en particular debe jugar un papel en el fortalecimiento de una sociedad sana, me parece de una evidencia tal que es hasta ocioso mencionarlo. Eso va desde las grandes decisiones institucionales o corporativas hasta los pequeños gestos de la vida cotidiana. Y no creo que la inclusión se limite a expresiones como “todos y todas” o con la cuota de género, que me parecen más bien acentuar la exclusión que combatirla.

La mujer intelectual, como tal, con lo primero que debería acabar es con la cuota de género (en las instituciones que la tienen). Esto puede que me valga el desacuerdo de algunas amigas, pero me parece que estamos sustituyendo lo “políticamente correcto” (o socialmente de moda) a la verdadera lucha, y con eso le hacemos más el juego al machismo que otra cosa. La cuota de género es una etapa que debemos superar.

No me malentiendas, no digo que no haya que tomar posiciones y ejecutar acciones a favor de la equidad o contra la violencia de género, pero no es papel exclusivo de las mujeres. Trabajo con mujeres muy valiosas, que merecen su lugar no porque son mujeres sino porque son valiosas, porque son personas firmes, honestas, decididas. Eso mismo espero de los hombres.

¿Cómo nutre a tu obra la experiencia de vida en Francia?

Para empezar el contacto, un contacto íntimo y profundo, con otra lengua influyó en mi conocimiento y manejo de mi lengua materna. Y enseguida viene todo lo demás; otro paisaje, otro clima, otra comida… Creo que cualquier temporada de más de tres meses en un lugar te marca para siempre. Siempre digo tres meses porque es el tiempo en el que puedes vivir y apreciar un cambio de estación.

En Francia estuve poco más de once años. Eso significa forzosamente dejar costumbres, crear nuevas rutinas, no sólo una sino varias veces. Los ciclos de la vida aparecen en la poesía, no necesariamente en forma explícita, pero son insoslayables. (JAFV. Fotos Saúl Ramírez)

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