La revolución en Yucatán, a principios del siglo XX, fue “maya, socialista y feminista”. Es importante conocerla, pues no tiene parangón en México, y se puede hacer a través de la biografía narrativa Suku’un Felipe: Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán, explica su autor, el sociólogo Armando Bartra.

En entrevista sobre el libro editado por el Fondo de Cultura Económica, sostiene que “la revolución en el sureste, en particular en la península de Yucatán, es iluminadora de realidades, posibilidades y utopías que no se daban en otra parte del país. Mirar hacia el sureste no es hacerle un favor. No es un asunto menor: es mayor”.

Bartra refiere que ha sido “un proceso histórico al que se le ha prestado mucha menor atención en la historia de México en los recientes 100 años, porque aparentemente la Revolución aconteció en el Norte y en el Centro. Hay una serie de razones por las cuales se mantiene la opacidad del sureste mexicano sobre todo en este periodo”.

Afirma que “es necesario mirar hacia el sureste, no para no olvidar, sino porque no es marginal ni irrelevante; tampoco un producto de importación esa revolución. Es tan profunda, tan compleja, rica, radical y visionaria como la revolución en el centro del zapatismo, la del norte en el Chihuahua villista o la de Michoacán, más tarde, con Primo Tapia”.

El también profesor explica que “Felipe Carrillo Puerto es un personaje extraordinario. Debiéramos hablar del carrillismo, porque en términos de revolución con un sentido profundo de liberación indígena, es el personaje más preclaro”.

“Si no es inconstitucional, se puede”

Con Emiliano Zapata “no era muy claro el discurso en términos de la reivindicación de la condición originaria para los nahuas, cuya lengua no hablaba. Carrillo Puerto es extremadamente claro en la reivindicación de los derechos autonómicos y territoriales del pueblo maya, a pesar de que no era su origen. Era un hombre blanco, alto y de ojos verdes; hablaba maya desde muy pequeño y sus discursos políticos eran en esa lengua.

“La dimensión indígena de la Revolución mexicana está mucho más clara en Yucatán y en la península en general en un personaje como Felipe Carrillo Puerto y en un partido como el Partido Socialista del Sureste, que en ninguna otra parte del país”, indica Bartra.

Otra característica de la revolución en ese estado es el feminismo. “La reivindicación de los derechos de las mujeres, el reconocimiento de que la opresión no solamente es de clase. Los ricos oprimen a los pobres, los blancos, criollos, a los mayas, y también los varones oprimen a las mujeres. Ésta era una realidad de la sociedad oligárquica yucateca y de las comunidades indígenas”.

Armando Bartra refiere que las mujeres en Yucatán “reivindicaron sus derechos y lo hicieron de manera brillante en congresos, en demandas de derechos políticos, ocuparon cargos de elección cuando todavía no las autorizaban expresamente, pelearon por sus derechos sexuales y reproductivos, y crearon organizaciones propias. El socialismo yucateco se adelanta en estas ideas al resto de las izquierdas en todo el país.

“En la segunda década del siglo XX, las mujeres en Yucatán eran votadas y ocupaban cargos de elección popular. El argumento era que la Constitución no dice que podemos votar y ser votadas, pero no lo prohíbe. Si no lo hace entonces podemos ejercer ese derecho y vamos a hacerlo porque no es anticonstitucional. Fueron diputadas, alcaldesas.”

Bartra destaca a una mujer en la biografía: Elvia Carrillo Puerto, La Monja Roja del Mayab. “Una feminista radical que brilló no únicamente en Yucatán, sino en la República Mexicana, se movió en todo el país e incluso en América Latina. Ella empezó a organizar mujeres en Motul antes de que Felipe fuera un personaje político muy visible”.

La fase más radical, continúa el también antropólogo, de “la revolución en Yucatán es de 1917 a 1923. En el 22 y 23, Felipe Carrillo Puerto dice, cuando es gobernador: éste es el primer gobierno socialista de América y socialista maya. Socialista porque la revolución rusa había ocurrido en 1917”.

Se trató, dice Bartra, de “dos revoluciones hermanas en países periféricos, grandes y campesinos; revoluciones populares y bastante prolongadas. Carrillo Puerto se carteó con Lenin y se las arregló para hacer envíos de alimentos y medicinas a la Rusia revolucionaria. Hay intercambio político, aprendizaje mutuo”.

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