César Lorenzo y Carlota Falgueras rememoran el testimonio de reclusas de una antigua prisión de mujeres catalana en el libro “Trinitat. La prisión de mujeres ignorada (1963-1983)”.

La obra reconstruye las dos décadas de historia de la primera cárcel para mujeres que se construyó en Cataluña a través de una cuarentena de testimonios, entre reclusas comunes, presas políticas, abogadas y antiguos trabajadores del centro.

La propia Carlota Falgueras estuvo encarcelada en 1969 en Trinitat Vella tras ser detenida en las protestas del 1 de mayo y recuerda, ccomo presa política, que “algunas mujeres llegaban con signos de tortura y, una vez ahí, había mucha arbitrariedad a la hora de separarnos en celdas de aislamiento”.

Un régimen “represivo” bajo la moral nacionalcatólica

Trinitat Vella, construida en 1963, fue la primera prisión catalana hecha exclusivamente para mujeres, hasta que en 1983 se convirtió en un centro para menores de 21 años.

Estuvo regentada desde su apertura hasta 1978 por la Cruzada Evangélica, una institución religiosa que imponía una moral católica “muy férrea”, que le hizo “mucho daño” a las reclusas, cuenta a EFE el historiador y coautor del libro, César Lorenzo.

La ideología nacionalcatólica pervivió “con más fuerza” en las prisiones de mujeres, donde se las tachaba de pecadoras, que en las de hombres, que podían frenar estas imposiciones al ser mayor el número de reclusos, explica.

La mayoría de las más de 8.000 presas que pasaron por la cárcel eran jóvenes estudiantes y trabajadoras obreras que entraron por delitos comunes contra la propiedad o contra la moral, estos últimos perseguidos “por su condición de mujeres”, explica César Lorenzo, que detalla que muchas de ellas eran encarceladas por prostitución, aborto, abandono del hogar o adulterio.

Aproximadamente una de cada diez reclusas era presa política por delitos como asociación ilícita, manifestación o propaganda ilegal. Se las consideraba una amenaza y una presencia agitadora en el centro: “Prefiero que entréis por putas que por políticas”, era una de las frases que solía decir la jefa de la Cruzada Evangélica, según cuenta Lorenzo.

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