La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) recuerdan a Ángel Bracho, en el marco del 110 aniversario del natalicio de este grabador, considerado uno de los pilares de la gráfica mexicana.

La Ciudad de México vio nacer a Ángel Bracho Meneses el 14 de febrero de 1911. Su obra, ligada estrechamente al arte popular se caracterizó por reflejar las problemáticas del pueblo y las clases trabajadoras, por lo que fue conocido como el “artista del pueblo”.

Desempeñó diversos oficios antes de dedicarse a las artes plásticas. Según la investigación del historiador del arte Raúl Cano Monroy, quien señala que fue hasta 1927 cuando comenzó sus estudios formales en la escuela de pintura y talla directa al lado de Fernando Gamboa e Isabel Villaseñor, entre otros.

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De acuerdo con Cano Monroy, “al año siguiente, Bracho ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes, que posteriormente será dirigida por Diego Rivera y se transformara en la Escuela Central de Artes Plásticas, donde aprende las técnicas del grabado, no obstante, en este periodo su obra es más pictórica y de corte vanguardista, debido a la influencia de su profesor Rufino Tamayo, quien lo hermana con María Izquierdo, esto último curiosamente es desconocido para muchos, pues Bracho ha sido reconocido más como grabador que como pintor.”

A inicios de la década de los treinta, Bracho participó en las decoraciones murales que realizaron diversos pintores en el Mercado Abelardo L. Rodríguez, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Una de sus primeras exposiciones fue la de 1932 en la Sala de Exposiciones de El Universal, en compañía de Rosendo Soto, Antonio Pujol y Rafael Balderrama, y aunque fue una muestra que no tuvo mucha repercusión en la crítica de arte de aquel entonces, debe considerarse una de las exposiciones importantes para la historia del arte en nuestro país.

En 1936, participó como profesor de dibujo en las Misiones Culturales llevadas a cabo en los estados de Oaxaca, Sinaloa, Nayarit y Baja California, lo que le permitió conocer las formas de vida y las necesidades específicas en otros estados de la República. Un año más tarde, ingresó a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y fue miembro fundador del Taller de Gráfica Popular (TGP) durante más de 50 años.

“Lo característico en él es su imaginación genuinamente gráfica, revelada en el juego de blancos y negros. Su visión clara y tranquila, sin retorcimientos literarios. Bracho ha conservado su convicción a los ideales del TGP, haciendo del interés social del arte una doctrina estética personal”, comentó el pintor, curador, investigador y crítico de artes plásticas Hugo Covantes.

Los grabados realizados por Bracho como parte del TGP se volvieron icónicos y representativos del colectivo. Destacan entre ellos, sus retratos y paisajes mexicanos, en los que además de reflejar la vida cotidiana del pueblo, fungen como crítica política y social.

Para Cano Monroy, la importancia de Bracho en el desarrollo de la gráfica va más allá de su obra en el Taller de Gráfica Popular, ya que promovió en distintos colectivos la difusión de este soporte, por ejemplo, en el Frente Nacional de Artes Plásticas, del cual formó parte del Comité de organización y fue un constante participante en algunos concursos y exposiciones itinerantes en México y en el extranjero.

El Museo Nacional de la Estampa (Munae) del INBAL, tiene bajo su resguardo 49 obras de Ángel Bracho, entre las que se mencionan: El puente y el tilichero (1944), Paisaje con atómica (1945) y Puente del consulado (El puente).

“La importancia de Bracho es su papel de protagonista en los cambios metodológicos en la enseñanza pictórica, pues gracias a él y a sus compañeros, la Academia rompió con los cánones europeizantes, considerados ajenos y obsoletos, dando como resultante un semillero de artistas fundadores y continuadores de la llamada Escuela de pintura mexicana, que siendo realistas lo correcto es llamarle Escuela de Muralismo, Pintura, Escultura, Fotografía y Grafica mexicana”, señaló Cano.

Ángel Bracho, el artista que a través de sus dinámicas insertaba el arte a la discusión pública del país, murió el 1 de febrero de 2005 en la Ciudad de México.

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