Villa Rica: primer pueblo y cementerio de barcos de Hernán Cortés

Anuncios
Anuncios

Desde Cuba con rumbo a la isla de Cozumel, en febrero de 1519 zarpó una armada española compuesta de 11 naves, 550 expedicionarios, 16 caballos y 14 cañones, al mando del capitán Hernando Cortés Monroy Pizarro Altamirano.

Después de derrotar a los indígenas de Centla (en el actual estado de Tabasco), el jueves 21 de abril por la noche arribaron al islote al que llamaron San Juan de Ulúa. Al otro día desembarcaron en las playas de Chalchicueyecan y comenzaron a construir un campamento de chozas y a comerciar con los nativos.

Primer pueblo creado por españoles en México

Después de que murieron 35 hombres a causa de la cruenta lucha en Centla, de continuas discordias entre los soldados, de sufrir enfermedades de la costa y de que los mexicas dejaron de enviarles alimentos, entre el 20 y 25 de mayo de ese año fundaron el cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz, eligiendo como alcalde mayor a Cortés y como integrantes a los principales colaboradores del capitán extremeño, entre ellos Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo. 

Esto fue posible gracias al apoyo de Xicomecóatl, el cacique del señorío totonaca de Zempoala, quien les ofreció resguardo y abastecimiento, facilitando con ello que la armada se trasladara algunas leguas al norte hacia una bahía ubicada frente a Quiahuiztlan (Peñón de Bernal). Tras pasar por Huitzilapan, Cortés llegó el primero de junio a Zempoala, que así se convirtió en la primera ciudad prehispánica mexicana conocida por los españoles, “toda de jardines y frescura, con muy buenas huertas de regadío” escribiría López de Gomara. Dos días después, al anochecer, el capitán y su ejército visitaron sus naves fondeadas en la bahía.

Con el apoyo del viajero español, el cacique gordo se libró del vasallaje a Motecuhzoma. Para sellar la amistad con sus invitados y para que tuvieran generación, el mandatario totonaca les entregó ocho indias, todas hijas de caciques, vestidas y enjoyadas ricamente. Ahí Fray Bartolomé de Olmedo realizaría los primeros bautizos en tierras mexicanas.

Así surge la Villa Rica de la Vera Cruz, un campamento de carácter militar que no dejaría vestigios. Al momento de su fundación constituyó el primer cabildo del primer pueblo español de lo que sería desde 1535 el Virreinato de la Nueva España y el segundo de la América Continental, puesto que desde el año de 1510 estaba funcionando el cabildo de Santa María de la Antigua del Darién, en la frontera de los actuales países de Panamá y Colombia.

En ese pueblo ubicado en las faldas de Quiahuiztlan, frente al Océano Atlántico se redactaron los dos primeros documentos españoles en México, el segundo de ellos, fechado el 20 de junio, fue la autorización del cabildo de Villa Rica para que dos de sus connotados integrantes salieran el 26 de julio hacia España a procurar el favor del Rey Carlos I para su causa y para hacer efectivas varias mercedes para sus habitantes.

Antes de que concluyera el mes, Cortés se reunió en Quiahuiztlan con 30 pueblos indígenas para formar una alianza militar contra los mexicas. En lo que ahora se conoce solo como la localidad de Villa Rica en el municipio de Actopan, y ya contando con aliados, abastecimientos y guerreros suficientes, dispuso construir una fortaleza, una iglesia, las atarazanas y otros edificios para fundar físicamente la Villa Rica de la Vera Cruz. 

Como resultado de esa asamblea, el 16 de agosto de 1519 los conquistadores europeos y miles de indígenas se reunieron en Zempoala para iniciar la marcha hacia la capital del reino mexica. En cuatro jornadas irían primero a Xallapan y luego a Xicochimalco (Xico), camino al Valle de Anáhuac.

Pero antes de internarse en el país, Cortés decide dejar una fuerte guarnición en la que él llama la “Rica Villa de la Vera Cruz”. Para evitar tentaciones, decide inutilizar sus embarcaciones. “So color que los dichos navíos no estaban para navegar, los eché a la costa por donde todos perdieron la esperanza de salir de la tierra” escribiría después de hundirlos. Funcionó el encargo secreto de que los maestres barrenasen los barcos después de desmantelarlos, diciendo que ya no servían para navegar. Cabe señalar que meses antes en Cuba el capitán de la armada española había comprado con sus recursos siete de los galeones que irían al fondo del mar.

Una vez consumada la conquista, siendo gobernador y capitán general de la Nueva España, y debido a que la bahía de Villa Rica no brindaba protección de los fuertes vientos del norte a los barcos, Hernán Cortés ordena a los 100 habitantes españoles radicados en el lugar a que se trasladen a un sitio más propicio en la orilla izquierda del río Huitzilapan para fundar ahí la ciudad de Veracruz en diciembre de 1525. Años después el municipio y sus facultades legales y operativas se trasladarían a la Nueva Veracruz frente a San Juan de Ulúa, dejando atrás a La Antigua.

Buscan el cementerio naval de Cortés en Villa Rica

Sobre la existencia de ese cementerio bajo el agua, además de las referencias históricas sobre la conquista de México, existe una reveladora pintura en relación al tema, realizada por el holandés Jan Karel Donatus van Beecq (1638-1722) pintor marino que recreó el hundimiento de la flota de Cortés frente al cerro de Quiahuiztlan

En diciembre de 2018 un grupo de investigadores norteamericanos y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encontraron en la costa de Villa Rica lo que podrían ser las primeras huellas del hundimiento de las naves de Cortés. El informe señala que aún no se puede concluir que el objeto encontrado pertenezca a una de las embarcaciones del conquistador, pero resulta un avance importante del estudio que realizan investigadores estadounidenses y mexicanos en el proyecto conjunto denominado “Arqueología Subacuática en la Villa Rica” iniciado en julio pasado para encontrar los restos de esas naves.

Esta investigación evoca una expedición de 1890 realizada por el historiador Francisco del Paso y Troncoso y la realizan investigadores del INAH y de la Universidad de Miami con respaldo del Buró de Seguridad y Cumplimiento Ambiental de Estados Unidos y financiamiento de National Geographic. En un barrido de 30 millas cuadradas y utilizando un equipo especial para búsqueda subacuática, los investigadores descubrieron un ancla e esa época frente a Villa Rica de la Vera Cruz.

Clavos, sujetadores, anclas y otros materiales con hierro, serían algunos de los artefactos metálicos que pudieron haber sobrevivido bajo el agua y que servirían como indicadores de algún naufragio mayor.

Aunque todavía no hay pruebas concluyentes, los resultados son convincentes. “Eso suena muy tentador”, aseguró John Bratten, Presidente del Departamento de Antropología de la Universidad de West Florida.

Publicidad