La actuación de la Selección Mexicana de Futbol frente a Portugal en el Estadio Azteca reabrió la discusión sobre los límites del comportamiento de la afición: abucheos, “oles” en favor del rival y expresiones discriminatorias marcaron una jornada que pretendía ser festiva tras la reinauguración del inmueble.

El episodio exhibió una constante en la relación entre equipo y seguidores. Aunque el público no es responsable directo de los resultados, su respaldo incondicional —frecuentemente renovado pese a los antecedentes— contribuye a sostener un entorno de baja exigencia estructural.

Cada ciclo mundialista repite el patrón: entusiasmo, consumo elevado y expectativas infladas. Los aficionados adquieren boletos a precios altos, compran indumentaria oficial y mantienen la esperanza de una mejora sustancial, ahora bajo la conducción de Javier Aguirre. Sin embargo, esa narrativa suele diluirse cuando el desempeño en cancha revela limitaciones persistentes.

En ese contexto, la reacción en tribuna aparece como válvula de escape. Los abucheos y cánticos a favor del adversario no son un fenómeno nuevo, pero sí evidencian una fractura entre discurso y realidad. La novedad radica en que la desaprobación ya no se dirige únicamente al rival, sino también a los propios jugadores.

El debate posterior —amplificado en redes sociales y espacios televisivos— gira en torno a si el aficionado tiene derecho a manifestar su inconformidad. La respuesta, en términos estrictos, es afirmativa: quien paga un boleto y consume el espectáculo puede expresar aprobación o rechazo.

No obstante, el problema trasciende la conducta en las gradas. La inconsistencia de la Selección refleja deficiencias más profundas: formación limitada de jugadores, decisiones técnicas cuestionables, dirigencias sin planeación a largo plazo y un ecosistema mediático que, en gran medida, reproduce esa misma falta de rigor.

La medianía del futbol mexicano no es circunstancial ni exclusiva de un partido. Se trata de un fenómeno estructural, arraigado en prácticas y hábitos que se repiten desde hace décadas.

En ese escenario, la afición actúa dentro de sus propias posibilidades: apoya, consume, critica y, llegado el caso, reprueba. Exactamente igual que su Selección.

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