El costo de la alimentación básica en México continúa al alza y ya supera el ritmo de la inflación. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelan que, durante febrero, el precio de la canasta alimentaria aumentó 6.5% anual en zonas urbanas y 5.6% en áreas rurales, cifras por encima del índice inflacionario nacional, que se ubicó en 4%.

El reporte de Líneas de Pobreza confirma que los alimentos siguen presionando el gasto de los hogares. Entre los productos con mayores incrementos destaca el jitomate, cuyo precio se disparó 60.2% en un año. A ello se suman el bistec de res, con un alza de 14.2%, y los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, que registraron un incremento de 7.2%.

En términos prácticos, la escalada de precios impacta directamente en el bolsillo de millones de mexicanos. Actualmente, una persona que vive en zonas rurales requiere al menos mil 887.58 pesos al mes para cubrir únicamente sus necesidades alimentarias, mientras que en las ciudades esa cifra asciende a dos mil 516.97 pesos.

La presión económica se amplía cuando se consideran otros gastos básicos. En comunidades rurales, el ingreso mínimo necesario para cubrir necesidades alimentarias y no alimentarias alcanza ya los tres mil 494.95 pesos mensuales, lo que representa un aumento anual de 4.6%. En áreas urbanas, la cifra se eleva a cuatro mil 877.87 pesos, 4.5% más que el año anterior.

El encarecimiento no se limita a la comida. En zonas rurales también subieron el transporte público (6.6%) y los gastos de cuidado personal (5.5%). En las ciudades, además del aumento de la canasta alimentaria, se encarecieron la educación, la cultura y la recreación (5.9%), así como el transporte público (6%).

Este escenario contrasta con la estrategia impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, que busca mantener en 910 pesos el precio de los 24 productos incluidos en el paquete oficial de la canasta básica. Sin embargo, el Inegi calcula la canasta alimentaria con 50 productos, lo que evidencia una brecha entre la política de contención de precios y la realidad del mercado.

En los hechos, los datos confirman que la inflación alimentaria continúa golpeando con mayor fuerza a los sectores de menores ingresos, para quienes cada aumento en los productos básicos se traduce en menos comida en la mesa y más presión sobre la economía familiar.

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