La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ya impacta en el comercio marítimo internacional. El tráfico de mercancías por el estrecho de Ormuz cayó cerca de 90 % respecto a la semana pasada, de acuerdo con datos de MarineTraffic, mientras petroleros y buques gaseros permanecen detenidos fuera del paso estratégico por temor a quedar atrapados en un eventual enfrentamiento armado.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán anunció el lunes que el estrecho está cerrado y advirtió que cualquier embarcación que intente cruzarlo podría ser atacada. Posteriormente, autoridades iraníes confirmaron que el corredor marítimo permanece bajo control total de Teherán y notificaron a la red internacional de navegación que la zona opera bajo “condiciones de guerra”, con riesgo de impactos de misiles o drones errantes.
El estrecho de Ormuz, situado frente a la costa sur iraní, es una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. Por este corredor circula aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y cerca del 20 % del gas natural licuado. Cualquier interrupción prolongada en la navegación podría desencadenar efectos inmediatos en la economía global.
Especialistas advierten que el impacto no se limitaría al mercado energético. Según la firma de análisis Kpler, alrededor de un tercio del comercio mundial de fertilizantes —incluidos azufre y amoníaco— transita por este paso marítimo. También es una vía relevante para el transporte internacional de aluminio y azúcar.
El portal Axios prevé que una interrupción sostenida en esta ruta estratégica podría provocar una reacción en cadena en distintos sectores productivos y comerciales.
En Europa, el conflicto ya comienza a reflejarse en los precios de la energía. El Financial Times reportó que el costo del gas natural alcanzó su nivel más alto desde 2023, tras aumentar 53 % desde finales de febrero. La situación preocupa especialmente a la Unión Europea, cuyas reservas energéticas se encuentran por debajo del 30 % de su capacidad, mientras cerca del 10 % de su gas natural licuado proviene de Catar, cuyas exportaciones dependen de esta ruta.
El analista de inversiones Hakan Kaya, de Neuberger Berman, advierte que si el cierre del estrecho se prolonga durante un mes o más, el precio del petróleo podría superar ampliamente los 100 dólares por barril y el gas europeo volvería a niveles similares a la crisis energética de 2022.
En medio de este escenario, el presidente ruso Vladímir Putin señaló que Moscú podría reorientar sus exportaciones de gas hacia nuevos mercados. Según dijo, la coyuntura energética europea responde principalmente a decisiones equivocadas de política energética dentro del propio bloque.
Estados Unidos tampoco quedaría al margen de los efectos. El analista petrolero Tom Kloza, de Gulf Oil, estimó que el precio promedio de la gasolina en ese país podría subir en las próximas semanas hasta ubicarse entre 3.25 y 3.50 dólares por galón. El encarecimiento también alcanza al combustible de aviación, lo que podría traducirse en boletos aéreos más costosos.
El aumento de los precios de la gasolina representa además un riesgo inflacionario y podría afectar la agenda económica del presidente Donald Trump, quien ha insistido en mantener bajos los costos energéticos para los consumidores.
El impacto también alcanzaría al sector agrícola estadounidense. De acuerdo con Veronica Nigh, economista del Fertilizer Institute, casi 30 % de la producción mundial de amoníaco y hasta 50 % de la urea podrían verse afectados por el conflicto. Estados Unidos depende en gran medida de importaciones de fertilizantes, especialmente fosfatos provenientes de Arabia Saudita.
Ante este panorama, los agricultores que cultivan maíz, soja, trigo y algodón podrían enfrentar un incremento significativo en los costos de producción si el conflicto en la región persiste y se mantiene la interrupción del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.








