El arquitecto mexicano Luis Barragán, único mexicano en recibir el Premio Pritzker, volvió al centro de la discusión pública años después de su muerte, luego de que parte de sus cenizas fueran utilizadas para fabricar un diamante.

La historia comenzó en 2014, cuando la artista estadounidense Jill Magid viajó a Guadalajara para solicitar acceso a una porción de las cenizas del arquitecto, depositadas en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

Tras obtener autorización de la familia y permisos oficiales, en septiembre de 2015 fueron retirados alrededor de 500 gramos de restos cremados. El material fue enviado a una empresa suiza especializada en convertir cenizas humanas en joyas.

El resultado fue un diamante de 2.02 quilates montado en un anillo de compromiso, pieza que recibió el nombre de “The Proposal” (“La propuesta”).

Magid explicó que el proyecto buscaba llamar la atención sobre el archivo profesional y los derechos de autor de Barragán, adquiridos en la década de los noventa por una familia suiza.

El acervo quedó bajo control de Federica Zanco, quien dirige la Barragan Foundation. El archivo contiene miles de dibujos, diapositivas, publicaciones, maquetas, manuscritos y correspondencia del arquitecto mexicano.

Según versiones difundidas en torno al caso, el empresario suizo Rolf Fehlbaum habría adquirido el archivo como regalo para Zanco.

Con el anillo fabricado a partir de las cenizas de Barragán, Magid buscó negociar la apertura pública del archivo en México o incluso su devolución al país.

La artista llevó la pieza a Suiza y sostuvo reuniones con Zanco. Sin embargo, la propuesta no prosperó y el archivo permanece en territorio suizo.

El anillo fue exhibido posteriormente en museos y terminó bajo resguardo del San Francisco Art Institute, organismo que financió el proyecto.

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