Luis Chacón*
Comenzar 2026 con Nicolás Maduro tras las rejas es tan emocionante como sorpresivo, y aunque las voces criticando temas de soberanía trasnacional se escuchan, son apenas un susurro en comparación con todos los latinoamericanos que hemos apoyado a los hermanos venezolanos… desde los 8 millones que migraron a la fuerza hasta los que siguen sufriendo en silencio allá.
Es difícil no celebrar a Trump y al ejército norteamericano, acá no importa preferencias políticas; poder darle un poco de libertad y esperanza a un pueblo oprimido desde hace 25 años es una gran ganancia.
Maduro como reo en Nueva York no solo conmociona al continente, reconfigura coordenadas geopolíticas y emocionales mundiales. Reuters reporta su comparecencia en Manhattan por cargos de narcoterrorismo y conspiración para traficar cocaína más una lista de acusaciones que incluye cooperación con el Cartel de Sinaloa, protección estatal a rutas de droga y vínculos con el grupo Hezbollah, según informes del Departamento del Tesoro, el FBI y el Center for Strategic & International Studies.
El expediente menciona uso de pasaportes diplomáticos, desvío de fondos y cobertura logística a grupos designados como FTO y SDGT por la Casa Blanca en enero de 2025. Ese mismo mes, Trump firmó un decreto que amplía el uso de fuerza contra redes criminales transnacionales, logrando una movida legal para que la captura del Dictador no fuera una operación antidrogas sino el despliegue práctico del nuevo modelo de seguridad hemisférica estadounidense.
A la par del juicio, se activa una transición política inédita: Delcy Rodríguez asume la presidencia interina con apoyo del aparato militar y envía un mensaje diplomático que busca reducir tensiones: habla de relaciones “respetuosas” y de colaboración “pragmática” con un Estados Unidos que viene con mensaje claro: ‘We’re going to Run Venezuela”.
Y la narrativa chavista se comienza a fragmentar, lo que antes era vertical, ahora es una red nerviosa de lealtades en disputa. El miedo al “efecto Nueva York” se instala.
En paralelo, Human Rights Watch y el International Crisis Group registran movimientos de grupos armados hacia la frontera con Colombia, hay 6,000 personas pertenecientes a guerrillas de las Farc y en ELN replegándose en Apure y Catatumbo, más redes de protección buscando blindaje logístico. Estamos hablando de Hezbollah, milicianos iranís, y otros ‘proteges’ del ‘Cartel de los Soles’.
Una estructura con nodos militares y civiles que garantiza impunidad a cambio de lealtad operativa. Caracas Chronicles lo describe como un “ecosistema incrustado en el Estado”. Al Jazeera documenta que esas redes han operado con autonomía regional y, en muchos casos, bajo la mirada cómplice de gobiernos locales. OCCRP había advertido desde 2022 que más de $11,000 millones en contratos eléctricos habían sido adjudicados con sobrecostos a operadores vinculados a la cúpula chavista, como parte del caso Derwick. Y los FinCEN Files del ICIJ mostraron cómo bancos internacionales facilitaron el movimiento de al menos $4,800 millones de origen venezolano entre 2012 y 2020. Lo que se va a ventilar en Manhattan no es un juicio: es una arquitectura.
La caída de Maduro reactiva la lógica Monroe en clave 2025. En diciembre pasado, Trump relanzó la doctrina como “Trump Corollary”, identificando al narcoterrorismo como la amenaza central del hemisferio. Esta reinterpretación geopolítica convierte a América Latina en zona estratégica por razones de seguridad nacional.
Y cuando la seguridad entra en escena, la política se militariza. Porque ver al líder del régimen de traje naranja conecta con ese electorado latino que vivió dictaduras y la llegada de la izquierda a América Latina desde Castro hasta Petro, los que tienen más de 26 años y hoy están viviendo en la Estados Unidos.
Coyuntural porque según el Pew Research Center, 36.2 millones de latinos eran elegibles para votar en 2024, y en ese ciclo, Trump empató por primera vez entre votantes hispanos con Kamala Harris, algo impensable en ciclos previos.
Entonces mostrar a Maduro en juicio no es solo justicia, es diseño electoral, sobre todo cuando se proyecta que en las siguientes elecciones los que hablan Español serán el Segundo grupo de votantes en la nación americana. Buena jugada… si pensamos que los republicanos quieren seguir en el poder.
Regresando a la coyuntura actual y los hechos, Colombia aparece para muchos como el siguiente eslabón. The Guardian filtró un documento donde se reportaba el paso de combatientes del ELN desde Venezuela hacia Catatumbo para ataques dirigidos, y Human Rights Watch denunció abusos en zonas de frontera bajo control de disidencias, con impacto directo en migrantes, menores y comunidades rurales. International Crisis Group documentó cómo Venezuela ha servido como refugio y base logística para operaciones armadas en Colombia. Porque en esa ilegalidad la frontera no es línea: es corredor. Por ahí pasan armas, oro, cocaína, personas y dinero.
Y si el caso Venezuela sirve como modelo, el mensaje a Bogotá es claro. Trump ya advirtió públicamente su posición con respecto al escenario de ‘entrar’ al país, además en el espejo ideológico, Petro y Trump son polos opuestos en todas las lecturas, desde su visión de la empresa privada hasta sus hábitos de entretenimiento. Y para muchos expertos, la impresión es que Trump deja su modo ‘TACO’ en esos casos.
En este contexto, el petróleo deja de ser solo recurso y vuelve a ser tablero. Trump ha dicho abiertamente que “compartir” la riqueza energética venezolana será parte de la reactivación. Reuters recoge que Venezuela posee 303 mil millones de barriles en reservas, pero su producción actual ronda los 1.1 millones bpd, lejos de su pico histórico. Según Wood Mackenzie, recuperar la capacidad operativa requerirá al menos $100 mil millones y entre 7 y 10 años de inversión sostenida.
No es saqueo rápido. Es licitación, deuda, infraestructura y control de contratos. Chevron, Halliburton, Repsol y CNPC aparecen como actores con ojos puestos en la reconstrucción energética. Pero la pregunta real no es quién perfora, sino quién arbitra. Washington quiere controlar el tablero antes de repartirlo.
La escena humana es igual de potente. UNHCR estima que 7.9 millones de venezolanos viven hoy como migrantes o refugiados. Más de 6.5 millones están en América Latina y el Caribe. Colombia alberga a más de 2.5 millones, Estados Unidos 1.7 millones Perú a 1.5 millones.
Un éxodo que no fue lineal: fue estampida. Hagamos memoria y reflexión
- Primero se fue el dinero.
- Luego los que pudieron (entre las elites y todos los que tienen doble nacionalidad o movilidad laboral)
- Después el trabajador calificado que prefirió empezar de ceros. ¡Todo mi Respeto!
- Luego la fuerza laboral, esos que caminan y sufren la migración inhóspita.
- Y los malvados (solo recuerden el paso del tren de Aragua por su país)
Y por eso la ‘jugada’ de Trump en Venezuela se compone de tres ‘bandas’ (como en Billar).
- La primera, consolidar un liderazgo global bajo una narrativa simple: orden, fuerza, justicia, siempre enfocada en el Hemisferio Occidental
- La segunda, reactivar la industria energética, atraer inversión y reposicionar a USA como garante regional de recursos estratégicos. Bloomberg estima que el rebote de infraestructura energética en Venezuela puede representar contratos por hasta $180 mil millones en la próxima década.
- Y La tercera capa es política: el voto latino como bloque estratégico en 2026. Esa imagen de Maduro esposado en Nueva York activa memorias colectivas: la dictadura cubana, los apagones en Caracas, los secuestrados de la guerrilla colombiana. Es una escena cargada de símbolos. Y Trump sabe construir símbolos.
El shock no ha terminado. Reuters recoge que Trump dejó abierta la posibilidad de nuevas acciones si el gobierno venezolano “no coopera”. Porque el chavismo, sin Maduro, sigue siendo chavismo. Lo que pasa es que ahora su final se llama ‘Lower Manhattan’.
Sobre el autor:
*Luis Chacón es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación, y prospectiva.







