El conflicto en Oriente Medio está teniendo repercusiones en todo el mundo en desarrollo, lo que aumenta la probabilidad de que las economías emergentes recurran al Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca de más ayuda.
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada hace tres semanas, ha provocado alzas en los precios del petróleo y el gas natural, además de interrupciones en el suministro de fertilizantes y otras materias primas. Entre los países más afectados figuran grandes prestatarios del FMI como Egipto y Pakistán, altamente dependientes de la importación de energía y alimentos.
En una conferencia de prensa en Washington el jueves, la vocera Julie Kozack señaló que el organismo no ha recibido nuevas solicitudes de financiamiento de emergencia. Sin embargo, la experiencia de episodios previos de turbulencia global —desde la crisis de 2008 hasta la pandemia— sugiere que podrían llegar pronto.
“Un conflicto prolongado aumentará las necesidades de financiamiento de muchos países, lo que derivará en nuevas solicitudes de programas con el FMI y ajustes de los ya existentes”, afirmó Martin Mühleisen, ex alto funcionario del organismo y actual investigador del Atlantic Council.
“El mecanismo de transmisión es bastante claro”, agregó el experto. “Hay un impacto directo por el alza de los precios de la energía y los fertilizantes, y otros costos de importación aumentarán con el repunte de la inflación global”.
De hecho, varios gobiernos de países dependientes de importaciones ya han adoptado medidas de emergencia para mitigar un shock energético que podría agravarse.
Pakistán cerró las escuelas durante dos semanas para ahorrar energía y extendió las negociaciones con el FMI sobre su programa vigente de US$7.000 millones, con el fin de evaluar mejor el impacto del conflicto.
Egipto, que mantiene un acuerdo por US$8.000 millones con el organismo, ordenó el cierre más temprano de comercios y cafés, mientras que Sri Lanka anunció una semana laboral de cuatro días para empleados públicos. Marruecos, por su parte, advirtió que podría recurrir a la línea de crédito de unos US$4.700 millones acordada con el FMI el año pasado si el petróleo supera los US$120 por barril. El Brent rondaba los US$108 la mañana del viernes, tras escalar desde unos US$70 antes de la guerra.
Más allá del impacto del encarecimiento de la energía y los alimentos, estas economías también enfrentan riesgos financieros por una eventual caída en las remesas de trabajadores en el Golfo y por el golpe a la industria turística.







