• La organización destaca que este incremento se aceleró tras eliminar impuestos a los superricos, bloquear la presión fiscal y limitó los intentos de frenar a los monopolios

Los multimillonarios del mundo entero aumentaron su riqueza combinada en un 81% desde 2020, pero además gozan cada vez de mayor político y mediático, lo que les permite “moldear las normas que rigen nuestra economía y sociedad en su propio beneficio”, advirtió la organización Oxfam Intermón.

El informe, hecho público con ocasión del Foro Davos que comienza en la ciudad suiza del mismo nombre, recuerda que en 2025 se registraron 3 mil personas con fortunas superiores a los mil millones de dólares, y su riqueza conjunta aumentó en este último año en 2.5 billones, cifra que prácticamente equivale a la riqueza que posee la mitad más pobre del planeta (4 mil 100 millones).

El aumento de la riqueza de estos potentados no es casual, sino que se aceleró con la llegada al poder en Estados Unidos del presidente, Donald Trump, quien redujo los impuestos a los superricos, bloqueó la presión fiscal internacional sobre las grandes corporaciones y limitó los intentos de frenar el poder de los monopolios.

Esta concentración simultánea de riqueza y poder político en las mismas manos “ya no es invisible: ocurre con total impunidad, ante nuestros ojos y en directo”, apuntó Franc Cortada, director de Oxfam Intermón.

Pero además de concentrar poder político, estas élites de superricos tienen cada vez un mayor control de los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales, “sin que la gran mayoría de los gobiernos hayan logrado ponerle freno”.

Y esto tiene consecuencias directas sobre la salud de las democracias: “los milmillonarios están dedicando su riqueza y poder para generar estado de opinión, influir sobre el debate público y cambiar incluso el curso político. No sólo compran yates, compran incluso democracias, alimentando el discurso del odio y la polarización política”, reflexionó Cortada.

Así, no es de extrañar que la Encuesta Mundial de Valores, llevada a cabo en 66 países, arroje este resultado: casi la mitad de las personas perciben que los más ricos “suelen comprar las elecciones de su país”.

En paralelo, se produce un retroceso de libertades y derechos, con una cuarta parte de los países que padecen un “deterioro democrático”. ¿La razón?: “Muchos gobiernos optan por anteponer las demandas de las élites y proteger su concentración de riqueza mientras recortan derechos y reprimen las protestas de la ciudadanía que debe hacer frente a los efectos del incremento del coste de la vida”.

Pero la ONG no considera que todo esto sea inevitable: ni la desigualdad extrema ni el poder e influencia de los superricos. Para ello propone las viejas recetas del estado del bienestar: reforzar la tributación a las grandes fortunas, impulsar planes nacionales para reducir la desigualdad y reforzar los cortafuegos entre la concentración de riqueza y la política, reduciendo el poder de los ‘lobbies’.

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