La ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó a generar efectos más allá del campo de batalla. El conflicto disparó el precio internacional del petróleo y abrió un nuevo frente de presión para las economías del mundo, incluyendo a América Latina.

El encarecimiento del crudo introduce incertidumbre en los mercados energéticos y afecta directamente sectores clave como transporte, industria y agricultura. A esto se suma la decisión de Irán de bloquear el tránsito naval en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de hidrocarburos.

La tensión llevó el precio del barril hasta los 120 dólares en los momentos más críticos del conflicto, mientras que el promedio se mantiene cercano a los 100 dólares. El resultado inmediato es un efecto dominó sobre inflación, tipo de cambio y política monetaria.

Un análisis de Bloomberg advierte que esta coyuntura complica las decisiones de los cinco bancos centrales más sólidos de América Latina: Brasil, México, Colombia, Chile y Perú. Sin embargo, el caso mexicano destaca por el riesgo inflacionario que podría alterar la actual estrategia monetaria.

México: el frente inflacionario

En el caso de México, el principal impacto se concentra en la inflación. El país atraviesa un ciclo de relajamiento monetario en el que el Banco de México ha venido reduciendo su tasa de interés, actualmente cercana al 7 por ciento.

El problema es que el encarecimiento del petróleo puede alterar esa ruta.

Especialistas advierten que un aumento sostenido en el precio del crudo impacta directamente el costo de combustibles y transporte, lo que termina filtrándose al resto de los precios de la economía.

Analistas citados por Bloomberg señalan que el canal inflacionario se convierte en el principal mecanismo de transmisión del shock energético. En otras palabras, el petróleo caro podría reducir el margen de maniobra del banco central para continuar con los recortes de tasas.

Las estimaciones es si el barril se mantiene alrededor de 85 dólares, la inflación mexicana podría aumentar cerca de 75 puntos base. En un escenario más agresivo de alza petrolera, el impacto inflacionario podría escalar hasta 258 puntos base solo por el efecto directo en combustibles.

De confirmarse ese escenario, el Banco de México tendría que frenar el ritmo de reducción de tasas o incluso suspender temporalmente el ciclo de relajamiento monetario.

Brasil: beneficios con cautela

Brasil podría beneficiarse parcialmente del alza del petróleo debido a su perfil exportador. El crecimiento del PIB brasileño podría aumentar entre 0.2 y 0.8 por ciento si el precio del barril se mantiene entre 80 y 100 dólares.

Sin embargo, el repunte energético también presionaría la inflación interna, lo que podría obligar al banco central a moderar la velocidad de los recortes en su tasa de interés.

Colombia: ventaja exportadora

Colombia también podría obtener beneficios del petróleo caro. Como exportador de crudo, el país vería fortalecida su balanza comercial, con un posible aumento cercano al 0.8 por ciento del PIB.

El escenario positivo, sin embargo, depende de que la economía global no se desacelere y reduzca la demanda de materias primas.

Chile: el más expuesto

Chile enfrenta un escenario opuesto. Su dependencia de la energía importada lo vuelve vulnerable a los aumentos del petróleo.

Proyecciones indican que el impacto energético podría reducir su PIB hasta en 1.3 por ciento y presionar el mercado cambiario. Además, las expectativas de nuevos recortes en la tasa de interés del banco central se han reducido drásticamente.

Perú: posición intermedia

Perú se mantiene en un punto intermedio. Aunque depende de combustibles importados, sus exportaciones mineras y cierto margen fiscal ayudan a amortiguar el choque externo.

La expectativa es que el banco central peruano mantenga su tasa de interés sin cambios durante varios meses mientras se aclara el panorama energético.

Un conflicto lejano con impacto directo

Aunque la confrontación en Medio Oriente ocurre a miles de kilómetros, sus efectos económicos se sienten de inmediato en América Latina.

Para México, el petróleo caro se convierte en un nuevo desafío: mantener controlada la inflación sin frenar la recuperación económica. En un contexto de volatilidad energética, el margen de maniobra de la política monetaria se vuelve cada vez más estrecho.

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