En México, apenas el 1% de las personas que establecen objetivos de inversión los relaciona con su pareja, boda o compromiso, de acuerdo con un análisis de la plataforma de soluciones financieras Fintual.

El dato revela que, cuando se trata de previsión, ahorro e inversión, los proyectos vinculados al matrimonio ocupan un lugar marginal dentro de las prioridades financieras de los usuarios.

Según Leonardo Castillo, especialista en finanzas personales de la firma, la organización de una boda implica una planeación económica relevante y anticipada. En un comunicado, señaló que el tiempo y la estrategia financiera pueden convertirse en aliados clave para evitar tensiones entre las parejas durante el proceso.

Paridad en el ahorro con fines matrimoniales

Los datos de la plataforma muestran prácticamente una distribución equilibrada entre hombres y mujeres que ahorran con el objetivo de casarse: 50.86% son hombres y 49.14% mujeres.

No obstante, se observan diferencias en el horizonte temporal que cada género asigna a esta meta. El 54% de los hombres que consideran la boda como objetivo financiero la ubican en el corto plazo, es decir, con un periodo máximo de 12 meses de ahorro. En contraste, el 44% de las mujeres la conciben como una meta de mediano plazo, con un rango de entre 13 y 60 meses.

La edad promedio de quienes establecen este tipo de objetivo en la plataforma es de 30 años, cifra que coincide con el segmento predominante de personas que contraen matrimonio en el país, de acuerdo con estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Costo promedio y recomendaciones

Fintual cita el Informe del Sector Nupcial 2025, según el cual el gasto promedio de una boda en México ronda los 180 mil pesos para una celebración de aproximadamente 140 invitados.

Ante este nivel de desembolso, Castillo recomienda tratar el matrimonio como una meta financiera de mediano plazo, lo que permitiría aprovechar rendimientos y evitar el uso de deuda para cubrir los gastos del evento.

La plataforma propone tres acciones básicas para una planeación adecuada:

1. Definir un monto objetivo, aunque sea aproximado, que sirva como referencia para dimensionar la meta y calcular el ahorro necesario.

2. Establecer un plazo realista, ya que el tiempo disponible determina el esfuerzo mensual requerido y la viabilidad del objetivo.

3. Determinar una capacidad de ahorro sostenible, sin comprometer la estabilidad financiera. Métodos como la regla 50/30/20 —50% para gastos, 30% para deudas y 20% para ahorro— pueden facilitar la constancia y el cumplimiento del plan.

El análisis sugiere que, aunque el matrimonio representa un evento significativo en la vida personal, todavía ocupa un espacio reducido dentro de las metas formales de inversión de los mexicanos.

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