Por lo que sucedió la semana anterior en las alturas del poder en México, respecto al cese y defensa del extitular de la Fepade (Fiscalía especializada para la atención de los delitos electorales), podría afirmarse que el senado de la república nos reveló en pocos días la verdadera dimensión que tiene dentro de las principales instituciones de la vida nacional.

En relación a ese tema, basta con leer las reflexiones contenidas en la extraordinaria columna que Roberto Rock publicó ayer en El Universal con el título “El Senado enano”.

Pero también en Veracruz hace aire. Y también se da el mismo tipo de transparencia que hay en el valle de México, y que en el siglo pasado celebrara don Alfonso Reyes, uno de los más ilustres pensadores que ha dado nuestro país.

En Veracruz estamos en la etapa en que Pepe Yunes, uno de los senadores veracruzanos, será el candidato a la gubernatura por el PRI. Pero para ganar, requiere sí o sí, del respaldo de todas las fuerzas políticas de ese disminuido partido, esencialmente de la organización y seguidores de su compañero de escaño Héctor Yunes Landa.

Y la primera muestra de esa realidad la dieron el sábado pasado los dos senadores en la ciudad de Pánuco.

Quizá recordando al aguerrido Díaz Mirón, el senador Héctor Yunes mostró los claros timbres de que es ufano, y cual moderno general Douglas Mac Arthur, desde ese municipio, que insiste en mostrar las virtudes y defectos de la naturaleza humana, casi, casi, a voz en cuello, gritó el célebre “Volveré” que hizo famoso al controvertido general norteamericano cuando lo derrotaron en una de sus más tristes batallas de la segunda guerra mundial.

Para demostrar que puede ser el gran respaldo de Pepe, Héctor Yunes actuó en Pánuco como el valeroso militar que en esa guerra fungió como el Comandante de las Fuerzas Aliadas del Pacífico y que en su autobiografía declaró que “había aprendido a cabalgar y a disparar, incluso antes de saber leer y escribir, de hecho, casi antes de aprender a andar”.

En el evento del medio día ante un atestado auditorio, el Comandante Héctor certificó “la firmeza de Pepe”, y significó la significancia del significado de haber estado allí con Pepe, para amenazar, utilizando el acento porrístico que lo acompaña desde que empezó a aprender “en lo político”, con dar en el 2018, con Pepe como general, la madre de todas las batallas, como dirían los grandes militares, políticos y periodistas a quien hoy hemos copiado la frase.

Dulce bellum inexpertis. “Dulce es la guerra para quienes no la han vivido”, dijo el poeta griego Píndaro, 500 años antes de Cristo. Est idoneum bello, murmuraban los imperiales soldados romanos cuando algún valiente se incorporaba al batallón. “¡Hannibal ad portas!”, gritaban los asustados senadores cuando vieron que el temible Anibal se acercaba a las puertas de Roma en los aciagos tiempos de las Guerras Púnicas.

Basta con analizar fríamente las reacciones en redes sociales del aguerrido discurso sabatino del senador Héctor Yunes, para apreciar su impacto y significancia en el imaginario colectivo veracruzano. Aludir a la madre tiene varios significados también, que habría que evaluar.

Ojalá y el camino iniciado por el PRI en la lucha por la gubernatura, equilibre las fuerzas, las alianzas y los resultados. La sociedad está ávida de un cambio real y de que el triunfo electoral del 2018 refleje un inicio de mejores tiempos en lo social y en lo económico. Llevamos años de guerra sin sentido y sin mejora para la población.

El sábado pasado, una pastora de Coatzacoalcos, presentó un libro que se llama “Por encima de las tormentas” lo que nos indica que las guerras entre particulares y las bravatas de los gruñones son indiferentes en estos tiempos.

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