Concluidas las elecciones municipales en Veracruz, los principales grupos del poder local se concentran y se organizan con objeto de fortalecer a sus prospectos a la gubernatura, que en el 2018 buscaran el respaldo de los partidos políticos para contender por la silla principal del palacio para los próximos seis años de gestión.

La sociedad veracruzana identifica plenamente a las fuerzas políticas que cuentan con las condiciones para que esos prospectos puedan luchar por el objetivo. Ya sea por tener en su favor la fuerza del Estado, o por disponer de suficientes recursos económicos, o por contar con trabajo proselitista y una gran base social, o simplemente por tener el reconocimiento de la sociedad, o bien, porque presentan una combinación o suma de algunos de esos factores.

En primer lugar, el grupo del PAN y del gobernador Yunes, quien tiene en sus hijos a sus dos únicos prospectos: Miguel Ángel y Fernando Yunes Márquez. No dejará a más.

Considerando que obtuvo el segundo lugar en la votación de este año, el partido MORENA cuenta también con dos prospectos: Cuitláhuac García, excandidato perdedor en 2016 e Hipólito Rodríguez, quien acaba de ganar la alcaldía de la capital del estado con un gran número de votos.

En el PRI existen dos viejos prospectos y uno de reciente cuño. Héctor y Pepe Yunes, quienes a pesar de todas sus diferencias, mantienen a sus simpatizantes en muchos municipios. A ellos dos se suma el empresario alcalde de Orizaba, Juan Manuel Diez Francos quien con su notable trabajo por la ciudad y el municipio, y por su reconocida capacidad económica, es mencionado como prospecto viable a la primera magistratura estatal.

En el partido Movimiento Ciudadano, que logró aumentar su votación este 4 de junio, debemos mencionar a Dante Delgado Rannauro, el exgobernador sustituto y líder nacional de ese instituto político. El alvaradeño tiene además una motivación especial por participar en una alianza con MORENA y otras fuerzas, para contender contra la fuerza de Yunes Linares, en recuerdo a que éste se encargó de instrumentar las acusaciones que lo llevaron a prisión durante el gobierno de Chirinos. Si Dante decidiera no participar directamente, enviaría en su lugar al xalapeño Armando Méndez de la Luz, un dantista puro y leal.

El décimo en la lista es Javier Herrera Borunda, quien dirige en el estado al PVEM que obtuvo un fuerte incremento en las elecciones municipales de este mes. Cabe decir que cuenta con importantes condiciones que le permitirían subirse al carro sucesorio en 2018. Como cuáles: es un político joven, opuesto a las estridencias y al culto a la personalidad y con relaciones en altas esferas políticas y económicas, que le permitirían trabajar alguna alianza con el PANAL y otros partidos.

A un año de llevarse a cabo esa elección, podemos decir que estamos en el arranque de la lucha por la gubernatura. En el escenario político se vislumbran los 10 prospectos mencionados, de los que saldrá el que alcance el triunfo. Si consideramos a esos aspirantes, la contienda se jugaría entre siete fuerzas políticas: Miguel Ángel Yunes Linares, Héctor Yunes Landa, José Francisco Yunes Zorrilla, Andrés Manuel López Obrador, Dante Delgado Rannauro, Fidel Herrera Beltrán, y por último, a un precandidato con el que el PRI podría motivar al sector empresarial desde el municipio de Orizaba, el alcalde Juan Manuel Diez Francos.

Si se analizan las posibles alianzas que podrían enderezar cualquiera de estos prospectos o sus impulsores, encontraremos que la sucesión veracruzana podría no estar definida todavía para ninguno de los personajes mencionados. Debemos esperar la cuarta vía.

La caballada está gorda. Habrá que evaluar y conocer la percepción social sobre cada uno de estos contendientes y si pueden hacer los amarres adecuados. Cualquiera puede llegar.

Todos los caballos están briosos, lo demás es lo de menos.

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