La crisis de desconfianza que permea a todas las clases sociales desde hace años, y especialmente en estos tiempos previos a definiciones políticas, recuerda unos versos del vate yucateco Ricardo López Méndez, que solían declamarse en las escuelas primarias: “México, creo en ti/ porque creyendo te me vuelves ansia/ y castidad y celo y esperanza…/ México, creo en ti/en tus cosechas de milagrería que sólo son deseo en las palabras…”

Este mes de noviembre puede traer los nombres que faltan por inscribirse en la contienda por la presidencia de la república que culminará con las elecciones del primero de julio del año próximo. El presidente de la república y los actores principales del escenario político nacional determinarán quiénes son los personajes que contenderán en la elección federal para ocupar la ansiada silla del águila en la Ciudad de México.

Veremos en unos días más a Meade, a Osorio, o a cualquier otro priista ungido como candidato presidencial por el dedo peñanietista. También sabremos si en su locura circense, Anaya vence a Moreno Valle y a Mancera y puede apoderarse de la candidatura del Frente “Ciudadano” constituido por él, el PRD y el partido de Dante. Ellos acompañarán a Andrés Manuel que lleva meses de campaña con Morena y a Margarita o “El Bronco” de Nuevo León.

Pero el problema no es tanto el conocimiento de los candidatos, que pueden ser muy buenos, o muy competitivos. El verdadero problema que todos ellos tendrán en su periplo por la presidencia, es la tremenda crisis de desconfianza social y falta de credibilidad que existe respecto a los políticos, a los candidatos y a las instituciones nacionales en general. Y ello obedece a que en todo el país se han incrementado la pobreza, la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

A eso han abonado los erráticos desempeños de Peña Nieto, de Ricardo Anaya, del redentor López Obrador y de la mayor parte de los actores políticos del país, que han hecho muy poco por construir la credibilidad y la confianza que necesita la nación mexicana.

Pero en Veracruz también tendremos elecciones para gobernador. Gracias al poderío y tesón del mandatario estatal, la población tiene al candidato anticipado del PAN: Miguel Ángel Yunes Márquez, de origen bien conocido. Se asegura que Cuitláhuac García será el ungido por el índice redentor del líder morenista. En el PRI, tercera fuerza electoral en el estado, luchan por alcanzar la cuarta o quinta posición, y para ello contribuye con generosidad uno de los senadores que se hace como el tío lolo para que su colega Pepe Yunes no alcance la nominación.

Pero para infortunio de esos ilustres aspirantes veracruzanos, también es muy alta la desconfianza e incredulidad de los paisanos.

Para abonar en el terreno de la credibilidad jarocha, bastaron las palabras del gobernador en su primer informe, en el que aseguró que esta villa va de maravilla, y que como financieramente estamos holgados, podemos poner a disposición de Inecol o de Sedena, dos de los escasos bienes recuperados del régimen duartista, cuyo líder está sujeto a proceso.

Aunque nuestro más celebre retenido en las prisiones, tampoco cantó mal las rancheras del olvido y el menosprecio a la sociedad. Javier Duarte avisó que podría decir cosas en fechas próximas.

Por desgracia para él, a los veracruzanos le tienen sin cuidado sus posibles anuncios. Porque, cómo creerle al pillo más grande que ha nacido en estas tierras.

Resulta complicado darle crédito a sus dichos. Como difícil y arriesgado sería por ahora dar pronósticos de triunfo en las elecciones de 2018. Debemos esperar siete meses y algunos días más, para saber de qué tamaño es la confianza y hacia qué candidatos se dirigirá.

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