El ya célebre caso de la diputada Eva Cadena y su proclividad a recibir dineros de aportantes embozados para una sola campaña política, no tendrá la repercusión que algunos sesudos operadores pretenden. Pero el tema sí deja algunas lecturas, distintas, desde luego, dependiendo de los cristales utilizados para mirar.

Lo que sí es un hecho, es que ha permitido desfogar la imaginación y los afanes voyeuristas sobre los ocultos estilos de financiamiento, a la alta escuela, canalizados a proyectos políticos de diversas filiaciones.

Que el tema le pega a Andrés Manuel, es una afirmación inobjetable. Como tampoco se puede negar, que el Peje tabasqueño siempre estuvo al tanto de todo. Y por qué lo creemos. Sencillamente, porque de esos amelcochados modos de financiar su trabajo político durante los últimos años, debe provenir una de sus frases legendarias. “El que llega a MORENA, por ese simple hecho se redime”.

Y la frase redentora se acuñó una tarde en su edénico Villahermosa, alguna ocasión en que airados periodistas y seguidores le reclamaron su emotivo apapacho sobre la tarima a un ínclito ladrón de cuello blanco de ese estado.

Pero siguiendo con el tema evanescente, debe reconocerse que este primaveral devaneo femenino ha sido aprovechado por sus oponentes en los demás partidos. Por supuesto que sí, es el sentir general, irrefutable. Pero de ahí a asegurar que este tipo de zancadillas lo detendrán en su imparable carrera a la presidencia de la república, constituye una enorme inocentada.

La gente que lo sigue, que no es poca, tiene bien metido en su cabeza los innumerables casos de corrupción que se han visto en todos los partidos políticos, contando siempre con la connivencia y complacencia de nuestro afamado sistema político nacional.

Del PRI, recuerdan al atildado maestro limpio y sus destacados alumnos gobernadores en fuga o presos. De este instituto político sólo baste decir que la gente expresa una sentencia unánime. “Ya que lo entierren, no lo queremos”.

Del PAN, sólo con recordar que el gobernador veracruzano pretende hacer alcalde a uno de sus hijos este cuatro de junio, y al otro, gobernador en 2018, es más que suficiente. Ya no insistiremos con los recuerditos pendientes del ISSSTE o de Cancún.

Del PRD, cómo olvidar la balada de Bejarano, el inefable señor de las ligas. Tampoco aquellos llorados y arrepentidos financiamientos a Rosario Robles. Del PVEM, podríamos hablar de la empresa franquiciataria que ya es en todo el país.

Del PANAL, aún recordamos a su creadora, la sempiterna Elba Esther y sus magistrales maneras de hacer dinero. De Movimiento Ciudadano, la gente evoca con discreción a su otoñal guardián de la caja registradora, a quien se le perdió en la nube hace poco el codiciado padrón electoral.

Por todo ello, puede afirmarse que el tema de la diabólica recaudación financiera de estos días, causa en la sociedad que adora al tabasqueño, el mismo efecto que la ficticia llamada de Andrés Manuel a uno de sus generales para decirle: “Me felijitas a Eva, por su cadena de recaudajión”.

O el impacto que puede causar en sus seguidores, si en medio del escándalo musical de un mitin de campaña, a ritmo de cumbia colombiana toma su teléfono celular para decirle a un alto operador de gobernación: “Te avijo que ya je me perdió la cadenita; je me perdió la cadenita, que tú me regalaste”.

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