Desde su primer año de gobierno, el presidente López Obrador tuvo que aprobar un subsidio anual para tratar de compensar las pérdidas que vienen arrastrando los productores de azúcar del país. Incluso hace tres meses los sectores que tienen que ver con esa agroindustria manifestaron fuerte inquietud por la situación inestable en que se encuentran. 

Pero ha encendido más la alarma de esos sectores, la extraña insistencia del doctor Hugo López Gatell en torno a las posibles causas del crecimiento de la pandemia de Covid-19 que, de acuerdo con su criterio supuestamente “científico”, pondrían en entredicho el consumo del endulzante natural en México.

El asunto ha generado tanta inquietud a nivel nacional, que el día de hoy en El Financiero, el columnista de negocios Darío Celis consideró necesario tratar el tema en su publicación titulada “Industria azucarera bajo fuego”.

En esa nota periodística se expone que la industria azucarera enfrenta severos retos que pueden afectar su desarrollo. Que el principal obstáculo se vive actualmente en el marco de la pandemia, ya que desde el gobierno federal se inició una campaña de satanización del azúcar, al indicar que su consumo es dañino para la salud porque genera obesidad y diabetes, dos enfermedades que exponen más el daño en quienes son infectadas por el virus. También menciona los incidentes de tipo político, como los problemas locales que ocasionan dificultades, como fue el pasado cierre de la alcoholera del ingenio La Gloria en Veracruz, entre otros casos. 

Los principales actores en torno al azúcar y su industrialización solicitaron hace poco que la secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), fijara su posición de defensa ante los ataques infundados hacia la producción de caña de azúcar.  

Con 50 ingenios en 15 entidades federativas, México ocupa el octavo lugar mundial en la producción de azúcar. La actividad representa el 13.8 por ciento del PIB agropecuario y el 11.6 por ciento en la industria alimentaria. El sector emplea a 500 mil mexicanos en forma directa y a 2.4 millones de trabajadores más de manera indirecta.

El desaliento a usar azúcar por parte del gobierno federal genera preocupación en la industria, en líderes, en cañeros y en trabajadores porque el sector puede tener un retroceso y reducir sus recursos y fuentes de empleo. 

Cabe resaltar que los diversos directivos y autoridades del sector azucarero presentaron recientemente un estudio que muestra que en las últimas tres décadas el consumo nacional de azúcar ha disminuido en un 36 % y que, por el contrario, de manera estratosférica se ha incrementado la importación de fructosa (1,500 %) y edulcorantes sintéticos (760 %) que tienen probados efectos adictivos.  Estadísticas actuales explican así el aumento de obesidad y diabetes y no en el consumo razonable de azúcar de caña. 

Y muchos se preguntarán que pinta Veracruz en toda esta discusión. Pinta y mucho, porque aquí en el municipio de Santiago Tuxtla, fue donde en el año de 1524 inició el cultivo de la caña de azúcar en el país, y principalmente, porque en Veracruz se encuentra el 40 por ciento de toda la producción e industrialización de caña de azúcar, 18 ingenios, una enorme superficie de sembradíos, los millones de toneladas de producto y miles de empleos directos e indirectos. Productores, campesinos y trabajadores del campo y sus familias veracruzanas subsisten gracias a este cultivo y a sus procesos industriales y comerciales.

Pero hasta ahora, ni el gobernador Cuitláhuac García ni sus funcionarios de desarrollo agropecuario y desarrollo económico han podido hacer algún pronunciamiento respecto al tema ante el gobierno federal.  Los señores andan desatados en las redes sociales, llevando videos, artistas y a los tiburones rojos y al águila beisbolera al circo de cada semana.

El campo y su gente no están en la mirada de los morenistas, mucho menos de los cuitlahuistas.

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